Ago 31 2010

El gran invento de la television

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Ago 02 2010

War Boys de Isami Fukui

Es la novela de un chaval de 15 años con un extraordinario talento narrativo y que mueve bien las claves de la ciencia ficción. Pero hay que reconocer que la novela impresiona más por la precocidad de su autor que por su calidad. Me sorprende que un alumno aventajado, destacado en clase, recomendado por sus profesores,  escriba una novela War Boys, cuyo subtitulo es “la escuela anulas sus mentes, ellos responden con sus armas”.

El argumento es pura contracultura escolar. La novela abre con un prólogo en el que El Alcalde, un tiránico líder de una Ciudad –todo escrito con la primera letra de cada palabra clave en mayúscula- aprieta las tuercas de malos modos a sus subordinados para que acaben con los War boys, unos militares de la Truancy, una resistencia violenta al sistema escolar. No se trata de simples trastadas sino de una resistencia armada cargada de explosivos y de líderes ninja. El alcalde desvela ante sus colaboradores la función del sistema educativo de la Ciudad:

warboys.jpg

“Nuestra tarea consiste en tratar a esos niños como si fueran ganado, meterlos en nuestras escuelas como un rebaño sin identidad, tratarlos como bestias inferiores y luego expulsarlos para que se pudran en una cloaca si no nos obedecen. ¡Están rabiosos y es comprensible!”.

Por si la cosa no quedaba suficientemente clara, el dichoso Alcalde añade dos páginas después:

“La educación es la etapa más dura de la vida de un Ciudadano. Sólo es posible forzar la obediencia de los estudiantes si se les hace pensar que todo su futuro depende de la educación. Nosotros, como Educadores, debemos aplastar todo pensamiento rebelde impidiéndoles cualquier otra alternativa”.

Parece que al insigne escritor no le gusta la escuela. El primer capítulo confirma esta impresión. La señora Bean les dice a los alumnos “si no trabajáis en serio y no cumplís las órdenes, se nota en el examen. Las notas me indican lo obedientes que habéis sido”. Un alumno injustamente acusado por la señorita piensa que “todos los profesores son sus enemigos naturales”. El protagonista Tak empieza la novela siendo un dócil alumno y acaba protagonizando un estrepitoso aquelarre de explosiones como si fuera el Neo de Matrix, serie con la que comparte su visión antiautoritaria y revolucionaria.

Se nota que Isamu Fukui domina las claves de los productos de ficción dirigidos a los teenagers. El protagonista empieza como un segundón y se desvela a lo largo de la trama como el “elegido”, el salvador de toda una generación. El proceso de proyección de “el patito feo”. Dentro de todo adolescente lucha un cisne dispuesto a devorar toda la ficción que lo convierta en atractivo y triunfador. Me parece que los profesores no repetimos lo suficiente a los alumnos este mecanismo destinado a hacerse con su dinero.

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Jul 20 2010

Jeremy de Pearl Jam

Hay dos canciones en el repertorio del rock, hipnóticas, intensas, que son como dos desgarradores misiles contra lo que, a juicio de los rockeros, representa el sistema educativo. Me refiero a The wall -de la que ya nos hemos ocupado en otra página- y a Jeremy, de Pearl Jam. La alegoría de The wall es explícita: la escuela nos quiere convertir en ladrillos idénticos, sin personalidad, en un muro de contención. La sociedad nos quiere zombies, anestesiados y con todo nuestro potencial creativo estrangulado. Para Pink Floyd la escuela es la encargada de hacer el trabajo sucio.

El rock nace con una carga antiautoritaria y provocadora que es el secreto de su éxito. Como dice Homer Simpson, a los rockeros se les permiten comportamientos por los que los demás iríamos a la cárcel. Parte de su trabajo es la denuncia, el grito desgarrado, la censura al poder, la retórica antisistema. Los rockeros están congelados en el frame de la adolescencia, alabando el deseo de “matar al padre” de los jóvenes, edad en la que pintaron su retrato de Dorian Gray generacional y que les permite seguir matándolo, una y otra vez, aunque ellos acumulen hijos, canas y arrugas.

Los rockeros consiguen esa catarsis, una corriente de electricidad emocional que parece que va a cambiar las órbitas y renovar las almas, con una autoridad y un magisterio conseguido misteriosamente de algún núcleo de energía primitivo. Igual que a mis alumnos, a mi también me fascina. Lamentablemente, yo soy el profesor castrador, el padre insensible, el representante directo de ese universo de tiranía social que los rockeros azuzan con cierta frecuencia, al menos desde mayo del 68.

Por eso, Jeremy, la canción que narra el suicidio de un adolescente en frente de la clase me provoca una reacción muy intensa. En realidad las dos canciones -The wall y Jeremy- se han convertido en himnos generacionales, más por su ropaje audiovisual que por la canción en sí. ¿Hubieran tenido la misma repercusión sin la espectacular ópera rock o el videoclip? La fuerza de las imágenes de Jeremy fue tal que el grupo liderado por Eddie Vedder renunció a grabar videoclips durante muchos años. El video fue premiado, criticado y prácticamente prohibido tras la masacre de Columbine. Siempre nos movemos sobre el resbaladizo tema de si los medios de comunicación pueden tener alguna influencia en el incremento de la violencia. A estas alturas he leído artículos, estudios y opiniones para todos los gustos. El vídeo me apasiona e inquieta a partes iguales. Culpa a padres, profesores y compañeros del suicidio, que es retratado como un gesto de épico de venganza. ¿Contra quién? El cantante y compositor parecía disculparse de esta impresión afirmando que la mejor venganza hubiera sido continuar plantando cara a todos, en lugar de vengarse quitándose la vida.

Jeremy me turba. Como si fuera un ataque personal contra mi. Como padre. Como profesor. Como si intuyese en alguna parte de mi fibra emocional que un rockero no tiene la autoridad moral para erigirse en juez de una generación y dictar sentencia con esta extraordinaria canción.

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Jul 07 2010

Charles Ingalls encuentra a Homer Simpson

Los que hemos crecido viendo en un televisor en blanco y negro -de dos canales- una serie como La casa de la pradera podemos sentir algo parecido al vértigo al compararla con el mundo actual. Tengo la sensación de que la bondad beata de los Ingalls ya era antigua en 1973, año en que la serie comienza a emitirse en la televisión americana. Charles Ingalls era un colono cuyos patrones de comportamiento podrían haber ruborizado hasta al más santo: se comportaba según la ética más estricta y daba a sus hijos la educación cercana a la santidad en un entorno de carencia y dignidad. Pero los Ingals no eran la excepción. Toda la televisión en la que nos hemos socializado los cuarentones era moralizante y ejemplar. Recuerdo que ya entonces nos parecía vetusta y un poco aburrida.

Aunque ahora que soy padre preferiria, en ocasiones, que mis hijas tuviesen unos medios más sometidos a la ética que al hedonismo.

padrestelevisivos.pngLos modelos de padre reflejados en las series de dibujos animados de mayor éxito no son muy edificantes. Los padres -no tanto las madres- son débiles, egoistas, incapaces e insensibles. Los Simpsons, Padre de familia, American dad, South Park o Shin Chan. Todos los padres de estas series con las que se socializan nuestros hijos usan un recurso narrativo clásico cuando se quiere atraer la atención de los jovenes: ridiculizar a los padres. Aunque da la sensación de que se les ha ido la mano. ¿Es nuestra moral deudora, aunque sea en una infima porción, del ejemplarizante Charles Ingals? Porque como nuestros hijos mimeticen la moral de sus héroes animados… lo tememos claro.

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Jun 06 2010

Los contenidos violentos

 

Para los que piensan que la violencia es un alimento degenerado de una civilización decadente –que puede que también- conviene recordar cuál es el repertorio dramático de la religión cristiana. No sólo las series americanas se nutren de violencia. Los grandes pintores, escultores, escritores de todas las épocas han utilizado la violencia. El marketing de la violencia ha pretendido siempre atraer fieles a las iglesias, espectadores a la platea, teleadictos a las pantallas. No es nuevo. William Shakespeare, Caravaggio, Bernini o Tarantino. Pueden perdonar la irreverencia, pero Tarantino no es más degenerado, por usar la violencia sin el contexto legitimador de la épica, mitología o la religión, que Caravaggio. Cuando abramos un debate sobre la violencia de nuestras pantallas, deberíamos abrirlo también sobre la violencia de nuestras catedrales. Puede que esta última sea responsable de más de una guerra santa.   

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Jun 06 2010

¿Qué ha sido de la cultura del libro?

 

 Steve Jobs, el gurú de Apple, no parece muy interesado en el negocio de los libros porque los libros no son un negocio. A mí me parece natural que los adolescentes, los alumnos, nuestros hijos, no salgan del vórtice del mundo de hoy para meterse en una burbuja temporal a practicar ese ejercicio llamado lectura. Cuando decimos que nuestros jóvenes no leen decimos que no leen lo que leíamos nosotros. Leen mucho, de manera rápida, fugaz, por el mero placer de la comunicación directa o de la información concisa. No leen filosofía, no se quedan tardes enteras hibernando en largas y profundas lecturas. No reflexionan hondo, no hacen aquello que nosotros considerábamos trascendente. Puede que con una lectura lenta pierdan el pulso frenético del mundo, que gira en su ausencia. No quieren perderse nada. El mundo se ha acelerado y ellos siguen danzando a una velocidad que nuestros reflejos más pesimistas piensan que es caos.  

Personalmente, me niego a considerar que todo lo que desaparece es pérdida o a adoptar el gesto del abuelo descontento con el presente, atónito, abandonado en un escenario que le intimida. Creo que es un mundo de grandes oportunidades. Se ha impuesto la primacía de la imagen. Todos son productores, artistas o escritores. Y la comunicación es bidireccional. O, al menos, más bidireccional que nunca. Nuestros jóvenes no admitirían la figura del intelectual divino que nutre a las masas, a no ser que fuese Steve Jobs con un nuevo gadjet.  

Primacía de la imagen 

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Mar 28 2010

Profesor empollón

El profesor como alivio cómico. Es el profesor enclenque, no muy atractivo físicamente y con pocas habilidades sociales. Resulta ridículo, puede que entrañable en su inutilidad cómica. Es el profesor que produce gracia y  pena. Incluso los alumnos le miran con superioridad, como dándolo por perdido. Cuando era joven, no hay duda de que era el friki, el inadaptado de la clase, el empollón que, al hacerse mayor, se ha parapetado en la docencia. Carece de habilidades sociales y en algún momento de la “película” se pregunta si no ha malgastado su vida y baraja la posibilidad de convertirse en un hombre de acción. El fracaso está garantizado.

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Ene 31 2010

Profesiones creativas o lucrativas

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Sep 08 2009

Profes y publicidad

Da la sensación de que para vender es necesario matar al padre, a la madre o al profesor. No hay que hacerlo literalmente, basta con adoptar la óptica infantil y caracterizarlos negativamente como torpes, aburridos, cuando no malos o resentidos. De esta forma el publicista se pone del lado del niño, del joven, del alumno, y le dice que lo que desea es lo lógico y que nadie puede oponerse a sus deseos: puede tenerlo todo. Aunque para lograrlo tenga que pedirle dinero a ese padre torpe y resentido. El recurso no es nuevo.

 

 

Ver tema Madres, madrastras, padres…

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Ago 06 2009

Profesiones vocacionales

El profesor autoritario de Hets es recriminado por el vocacional en los siguientes términos:

Nuestra profesión es una vocación. Significa sentir una llamada, algo que viene de manera natural. Pero es absurdo que se llame usted mismo profesor simplemente por tener una titulación académica (…) Un profesor debe preocuparse por sus chicos. Si no lo hace, ¿de qué se preocupa en la vida? 

Ver La vocación

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