Archivo de la categoria 'Educación en los medios'

Jul 20 2010

Jeremy de Pearl Jam

Hay dos canciones en el repertorio del rock, hipnóticas, intensas, que son como dos desgarradores misiles contra lo que, a juicio de los rockeros, representa el sistema educativo. Me refiero a The wall -de la que ya nos hemos ocupado en otra página- y a Jeremy, de Pearl Jam. La alegoría de The wall es explícita: la escuela nos quiere convertir en ladrillos idénticos, sin personalidad, en un muro de contención. La sociedad nos quiere zombies, anestesiados y con todo nuestro potencial creativo estrangulado. Para Pink Floyd la escuela es la encargada de hacer el trabajo sucio.

El rock nace con una carga antiautoritaria y provocadora que es el secreto de su éxito. Como dice Homer Simpson, a los rockeros se les permiten comportamientos por los que los demás iríamos a la cárcel. Parte de su trabajo es la denuncia, el grito desgarrado, la censura al poder, la retórica antisistema. Los rockeros están congelados en el frame de la adolescencia, alabando el deseo de “matar al padre” de los jóvenes, edad en la que pintaron su retrato de Dorian Gray generacional y que les permite seguir matándolo, una y otra vez, aunque ellos acumulen hijos, canas y arrugas.

Los rockeros consiguen esa catarsis, una corriente de electricidad emocional que parece que va a cambiar las órbitas y renovar las almas, con una autoridad y un magisterio conseguido misteriosamente de algún núcleo de energía primitivo. Igual que a mis alumnos, a mi también me fascina. Lamentablemente, yo soy el profesor castrador, el padre insensible, el representante directo de ese universo de tiranía social que los rockeros azuzan con cierta frecuencia, al menos desde mayo del 68.

Por eso, Jeremy, la canción que narra el suicidio de un adolescente en frente de la clase me provoca una reacción muy intensa. En realidad las dos canciones -The wall y Jeremy- se han convertido en himnos generacionales, más por su ropaje audiovisual que por la canción en sí. ¿Hubieran tenido la misma repercusión sin la espectacular ópera rock o el videoclip? La fuerza de las imágenes de Jeremy fue tal que el grupo liderado por Eddie Vedder renunció a grabar videoclips durante muchos años. El video fue premiado, criticado y prácticamente prohibido tras la masacre de Columbine. Siempre nos movemos sobre el resbaladizo tema de si los medios de comunicación pueden tener alguna influencia en el incremento de la violencia. A estas alturas he leído artículos, estudios y opiniones para todos los gustos. El vídeo me apasiona e inquieta a partes iguales. Culpa a padres, profesores y compañeros del suicidio, que es retratado como un gesto de épico de venganza. ¿Contra quién? El cantante y compositor parecía disculparse de esta impresión afirmando que la mejor venganza hubiera sido continuar plantando cara a todos, en lugar de vengarse quitándose la vida.

Jeremy me turba. Como si fuera un ataque personal contra mi. Como padre. Como profesor. Como si intuyese en alguna parte de mi fibra emocional que un rockero no tiene la autoridad moral para erigirse en juez de una generación y dictar sentencia con esta extraordinaria canción.

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Dic 07 2008

Los populares

La ficción americana es más que rígida en este estereotipo. La figura del deportista de éxito y la animadora se erigen como representación-tipo de la popularidad. Robert Rodríguez se ríe del binomio quarterback-animadora en The faculty.

faculty.jpg-Siempre he sido bueno en fútbol, y en baloncesto y en cualquier deporte que practique. Creo que quizá sea hora de intentar algo que no se me de tan bien, algo diferente.

-¿Y qué tengo que hacer yo mientras tú vas a buscar un cerebro? El orden social establecido es que la animadora jefe salga con el quarterback titular, no con un simple estudiante.

Hay que constatar que el estereotipo es negativo en la mayor parte de los casos. Son superficiales y excluyentes. Serán populares pero no gozan de las simpatías de los guionistas. El popular forma un grupo cerrado de amigos y lidera al instituto. Detesta la fealdad y la diferencia, se opone a las novedades, va cargado de prejuicios. Acosa al diferente. Es decir, al protagonista.

to sir with love.jpgEntre las chichas, la popularidad está relacionada con cierta promiscuidad. Una alumna de Rebelión en las aulas II, censura a otra su exhibicionismo diciendo que cuando una chica quiere ser popular tiene que hacerse la fácil. La ropa ajustada y el maquillaje no dicen nada acerca de quién es ella. Eso no es más que un estereotipo machista”

Los libros no están entre sus preferencias ni se cuestiona grandes cosas. Sin embargo, no se opone al sistema educativo. Se mueve a la perfección dentro de él, aunque no sea brillante académicamente.

Una prueba de que el estereotipo de las populares no funciona sólo en  la ficción estadounidense, puede constatarse en la película Fucking Amal. En la vida de un pequeño y asfixiante pueblo sueco -Amal-, una de las chicas del grupo de las “populares”, Elin, acaba aceptando públicamente su homosexualidad y el amor que siente por Agnes, patito feo de la clase, y ambas salen de la mano en un clásico plano de rebelión y victoria contra los prejuicios sociales dominantes. Se trata de un acto de valentía por partida doble: por un lado, Elin renuncia a la sexualidad admitida socialmente y, por otro, se enamora de una adolescente que no forma parte del grupo dominante.

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La popularidad como condena. La popular de Fucking Amal lo es a su pesar. Quieren liberarse infructuosamente de la carga de su rol. No es el único caso. Claire, la cheerleader de la serie Héroes, se alía con los frikis contra sus antiguas compañeras. Stan Rosado, el líder del equipo de The Faculty decide dejar el deporte y concentrarse en lo académico, contra la oposición de su novia que no quiere ser novia de “un simple estudiante”. Incluso en la reciente y poco estereotipada Juno, el “cachas” parece encerrado en su rol, como si fuera una condena.

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“Los cachas como él siempre quieren chicas frikis. No lo reconocen porque se supone que les van las animadoras perfectas”.

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Nov 02 2008

Jóvenes y medios de comunicación

Los medios de comunicación son géneros persuasivos. Todo un sistema opera para conseguir la atención de los jóvenes y… su dinero. David Trueba, el director de cine, escribe:

   Rafael Azcona, una de las personas más inteligentes que he conocido, me explicó que ese interés por conocernos (a los jóvenes) tenía poco que ver con la caridad sociológica. ‘Mira, antes a nadie le importaba un pimiento lo que pensaban o hacían los jóvenes, daba igual. Esto cambia a partir de que tenéis dinero. Y hay que lograr por todos los medios quitároslo’”.

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Vive Tus deseos.

Cuadrilla.

Pareja.

Música.

Siempre saldo.

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             Los jóvenes son caracterizados como personas muy receptivas a los mensajes de los medios de comunicación, un tanto egoístas, obsesionados con las marcas, consumistas y temerosos de quedarse atrás ante el grupo en la adquisición de las novedades.

            La tira de Steve Breen ilustra, por otra parte, una cierta idea de los jóvenes como seres uniformados por la influencia decisiva de las campañas de marketing de los grandes multinacionales. Las películas y los productos juveniles, más que obras culturales son grandes eventos de los que hay que formar parte sino se quiere estar fuera de la corriente. Vicente Verdú escribe sobre Harry Potter:

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 “..porque el motivo que la espolea no es ya leer, sino for­mar parte del evento. La idea del marketing, a su vez, no consisti­rá más en proclamar las cualidades literarias de la obra, sino su potencia o su alta probabilidad de parecerse a un cataclismo”.[1]

             Tato, el personaje creado por Albert Monteys para El Jueves, malvive esforzándose por trabajar lo menos posible, su poder adquisitivo es muy limitado. No obstante, no renuncia a los adelantos tecnológicos “o no seré un miembro de mi generación”.

  Por otra parte, los creativos publicitarios, analizan las características de la juventud y ofrecen los eslóganes más atractivos y adecuados a su forma de pensar, aunque se trate de comportamientos no muy instructivos. La protagonista de la campaña Fusion de Orange dice:

             “Hola, soy Rocyo, a mí nunca me ha gustado renunciar a nada. Amor y sexo. Estudiar y trabajar. Despreocupada y solidaria. Vivir la noche y vivir el día. Tener lo último y no pagar más. Tenerlo todo y tenerlo ya”.

Es un eslogan que conecta con la pulsión de vida de los adolescentes, con su espíritu contradictorio. Las ideas de los profesores, o de los autores preocupados por la educación, sobre este tipo de mensajes es básicamente la contraria. El spot dice “nunca me ha gustado renunciar a nada (…) vivir la noche y vivir el día”. Javier Elzo habla de eso, diciendo que el mayor problema de vivir la noche está en no poder cumplir esos objetivos tan elevados al quedar inutilizados durante el día.

padre de familia.jpgLos jóvenes son grandes consumidores de productos que podrían considerarse antitéticos. Son capaces de consumir productos consumistas y otros que denuncian el consumo. Pueden ver una serie que reproduce estereotipos familiares y otra que los censura. Consumir la MTV o asistir a la condena de la MTV[2] que hace Stewie, el bebé que odia a su madre y quiere dominar el mundo en Padre de familia.

     “Vale, sé que a la juventud le gusta mucho la MTV, pero tengo que avisaros que esta gente no difunde más que el mal en estado puro y el declive moral”.    

Para finalizar, los valores ejemplares transmitidos por la televisión tienen poco que ver con los valores trasmitidos en la escuela. La idea de esfuerzo parece desplazada por la del talento, la del examen es sustituida por la del casting y la de la posteridad por la del presente más inmediato. Gus, el adolescente de Familia tipo, recoge esa idea de la ejemplaridad televisiva como contrapuesta a los valores del sistema educativo. 

familia tipo 2.jpgfamilia tipo 2.jpg 

El profesor de historia de Les profs, que no puede pasar nunca del tema de Napoleón en sus clases, se construye un marco que simula una televisión para que los alumnos le atiendan.

 

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 [1] Vicente Verdú, Tú y yo, objetos de lujo.

[2] La guía de Stewie para dominar el mundo, Steve Callahan.

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Sep 27 2008

La relatividad cultural

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La escolarización en el tercer mundo: aparente garantia de justicia social.

El modelo americano, es determinante en la creación de estereotipos y corrientes de pensamiento que tienen una influencia notable en el sistema educativo, que es el que nos interesa. Pero hay otras realidades.

Nuestra hipótesis no es universal. La teoría de la relatividad cultural determina que los estándares culturales de un país no se repiten en otros. Esto es más evidente cuando vemos películas de culturas alejadas de nuestro universo occidental desarrollado.

blackboards.jpgProfesores cargando sus pizarras en busca de alumnos en el Irán de Blackboards. Está película contiene un diálogo muy expresivo entre uno de los profesores, nómadas que cargan con su pizarra buscando alumnos a cambio de comida o alojamiento, y un joven-mula que vive del contrabando en la frontera.

-¡Aprender a leer y escribir! Sabrás qué está pasando en el mundo. Puedes aprender a sumar, restar, hacer tus propias cuentas sin ser engañado. ¡Tan bueno es todo eso! Podrías estudiar o encontrar un trabajo. Hacer las cuentas…eso es genial para un Jefe.

-Nosotros somos mulas. Siempre en movimiento. ¿Cómo esperas que leamos? Para leer un libro, debes estar sentado.

La educación, que en nuestro universo social se da por descontada, y puede recibir críticas por alejarse de la excelencia, es, por el contrario, el icono que representa la garantía de una infancia justa en otras culturas.

microcredito kutxa.jpgLas ONGs, o las secciones sociales de las cajas de ahorros, cuentan entre su repertorio publicitario con anuncios que inciden en ese concepto. “La educación contra la pobreza”, “la educación como garantía de justicia social”, “educación contra la explotación laboral”, etc. El colegio, que en occidente no es un refugio ni una garantía de justicia social, sí lo es cuando hablamos de inmigrantes. Occidente “vende” esta idea recién llegado, pero no es la misma cuando el target son los propios alumnos occidentales. Los niños y jóvenes adolescentes en nuestra cultura no tienen la misma visión redentora de la educación, ni los publicistas desarrollan las mismas estrategias de captación de clientes cuando se dirigen a unos y otros.

Parece que los inmigrantes tienen mayor fe en el sistema educativo, y son mayores consumidores de la cultura del esfuerzo o la meritocracia implícitas en el sistema, que los jóvenes educados en el sistema.

“Numerosos laboratorios tienen ya más extranjeros que españoles (…) La cultura del esfuerzo es menor, y también la presión familiar (…)”.[1]

“El número de extranjeros en la UNED aumenta un 500%. En los últimos cuatro años las matrículas de inmigrantes se han disparado”.[2]

derecho a colegio.jpgEl director chino Zhang Yimou es el autor de dos películas que narran las dificultades a las que se enfrenta el sistema educativo en algunas zonas de su país. Camino a casa y Ni uno menos, narran la dureza del entorno y la lucha del sistema educativo en otros contextos en los que la contracultura escolar tiene más que ver con la supervivencia que con la adolescencia, que prácticamente no existe. Apajarito, el invencible, del director indio Satyajit Ray, refleja las dificultades de Apu, un adolescente, por salir del clima de miseria de su familia y entorno y seguir con sus estudios en la india del siglo XX.ni uno menos.jpg

persepolis.jpgEl cómic Persépolis, y la película de animación basada en él, narran la vida de una adolescente iraní que vive el triunfo de la revolución jomeinista y el consiguiente recorte de libertades. La escuela como escenario en el que se viven con especial intensidad la falta de libertades al triunfar una dictadura es un recurso cinematográfico bastante habitual:

Machuca, narra el triunfo de la dictadura de Pinochet. La lengua de las mariposas, cuenta el clima represivo tras el triunfo del franquismo. Algunos pasajes de Cuéntame, la serie de televisión española en la escuela franquista o El florido pensil, se centran en la denuncia de ese sistema autoritario, de forma parecida a lo que hace la autora de Persépolis, obligada a emigrar tras el advenimiento de la dictadura.

Uno de los pasajes más emotivos del cómic autobiográfico tiene que ver con la imposición separación de sexos y la adopción obligatoria del velo. Las tensiones que un elemento como el velo, provoca en las escuelas occidentales, es un síntoma claro de que el debate sobre los estándares culturales no está resuelto. Una viñeta de El Jueves y una página de la serie olegario Gandaria, profesor de secundaria, dibujada por Pallarés, son buen testimonio de estas dificultades de integrar las diferencias culturales en el mismo espacio físico, la escuela.

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[1] EL PAÍS, 26/2/2008 “Estudiar ciencias ya no seduce”.

[2] PUBLICO, edición digital, http://www.publico.es/espana/047529/extranjeros/uned/universidad/estudios

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Sep 14 2008

Educación, represión y música

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El grupo hispanoargentino Tequila, también sufría, un año antes de la publicación de la ópera rock de Pink Floyd, una parecida fobia a todo lo que representa la educación en el contexto de esta revolución cultural antritradicional, negadora de la transmisión cultural y defensora de la creación de su propio e irreductible mundo cultural. La letra de la canción Matricula de Honor (A. Stivel, A. Rot), 1978, es bastante contundente[1].

En los 80, el grupo de Heavy metal Van Halen recrea una escuela en la que todos los muchachos, salvo el empollón, son chicos duros. En el videoclip de Hot for teacher, 1984, la profesora se pasea en bikini en una tarima convertida en nigth club y los valores de la escuela son ridiculizados o sencillamente invertidos.

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Para los Ronaldos la escuela no era suficiente, ellos “querían más”[2]. Fito no aprendió nada en la escuela. Todo lo que sabe, se lo enseñó “una bruja”[3]. Le interesan las “cosas de la piel”, lo imperfecto o lo subjetivo. En su universo sólo hay espacio para la escuela de la vida. El grupo juvenil Sonblue convierte la clase de “Sueños de ayer”[4] en una discoteca para adolescentes cuando el profesor la abandona. Lara, deja a un lado la rigidez y la perfección de su profesora de música y canta en el garaje que quiere “ser mayor”[5] y vivir su propio error.

Esta imagen negativa esta presente en la música o en la publicidad más reciente por motivos comerciales. El target comercial determina la óptica desde la que se enfocará el vídeo musical o el spot publicitario. Y si el objetivo es el público infantil o adolescente el enfoque será poco complaciente con el mundo de los adultos y sus mayores representantes: padres y profesores. La escuela no tiende a salir muy bien parada en el universo del rock y sus derivados.

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Los músicos de rock parecen vivir al margen de las normas sociales. No les gustan. Viven en otro universo creativo en el que sólo se preocupan de su ética particular. Eso es lo que les recrimina el mismísimo Homer Simpson a los Rolling Stones en el capítulo Campamento de rock:

“Sois estrellas de rock. Se supone que debéis ser alocados y destructivos y que os aplaudan por tener un comportamiento por el que la gente normal iría a la cárcel”.


[1] Nueve de la mañana, ya suena la campana, a clase tenemos que entrar.

No importa si nos gusta, o acaso nos disgusta nadie te lo va a preguntar.

Marchando para adentro, no puedo soportar pensar que un día entero me tengo que tragar.

Los profes van pidiendo un buen comportamiento hablando y hablando sin parar.

Son viejos y aburridos que cruz me tengo que aguantar me entra por una oreja, por la otra se me va.

Un día en el colegio…¡es un muermo total!

[2] Los Ronaldos, Quiero más, 1987.

[3] Fito y los fitipaldis, La casa por el tejado, 2003.

[4] Sonblue, Sueños de ayer, 2006

[5] Lara, Ser mayor, 2007.

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Sep 13 2008

Música y rebelión

 Pink Floyd. Another Brick In The Wall II, 1979.

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No necesitamos ninguna educación

No necesitamos que controlen nuestros pensamientos

Ni sarcasmo oscuro en el salón de clases

Profesores dejen a los niños en paz

¡Ey! ¡Profesores! ¡Dejen a los niños en paz!

En conjunto es solo, otro ladrillo en el muro.

En conjunto solo eres, otro ladrillo en el muro.

La ópera rock, 1979, del grupo Pink Floyd generó una película del mismo nombre, The wall, 1982, dirigida por Alan Parker. La película es demoledora con la educación, con los profesores y con todo lo que no sea la libertad y pureza individual que proclama el grupo. Los músicos tienden a fomentar la rebelión, rebelión contra el poder, contra lo aburrido, contra lo rentable, aunque carecen de un plan para “el día después”. ¿Si todos nos convertimos en poetas consagrados a nuestras propias reglas, quién sería el fontanero o controlador aéreo que mantuviese el orden de nuestras necesidades no creativas? El caso es que la película muestra a niños automatizados, enmascarados, convertidos en zombies, que son llevados por una inmensa máquina de producción en cadena, que sería la escuela, a un precipicio donde son convertidos en carne picada.

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Aunque Julio Cabero y Felicidad Loscertales afirman que en la década de los 80 “se forjan los conceptos de crítica general al sistema de enseñanza y de juicio social al profesor[1].”, los efectos de ese repudio de la profesión y de la institución ya se venían observando desde antes, y se manifiestan con cierta virulencia en los movimientos culturales asociados a las revueltas del Mayo del 68.

 

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Melody. 1971. Parodias del 68 para púberes rebeldes.

Melody tiene una banda sonora que acaba, montada sobre una gran batalla de hijos contra padres y profesores rememorando el mayo francés, con una canción de Crosby, Stills, Nash and Young, Teach your clildren, del álbum Deja vu, 1970, en la que los músicos adoctrinan a los padres sobre la educación de sus hijos.

Ustedes los que están avanzando por la vida

Deben tener un código de acuerdo al cual deben vivir

Y eso debe volverse parte de vosotros mismos

Porque el pasado es solamente un adiós

Enseñen bien a sus hijos, El infierno de sus padres

Lentamente desfilará

Y los alimentará en sus sueños


[1] Cabero, Loscertales, op. Cit, p, 18

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Sep 11 2008

Desfase tecnológico generacional

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“Las nuevas tecnologías están transformando profundamente el mundo de la información, ocio, comercio. Estas transformaciones nos conducen a una sensación de “debilidad” y de falta de autoridad respecto a los niños y jóvenes. Los adultos ya no se ven como los que “saben” sino que las nuevas generaciones dominan aspectos de la vida cotidiana que nosotros no conocemos. Esta diferencia generacional es tan insólita que esta modificando nuestro mundo escolar y laboral.” [1]

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“Los profesores aparecen inexplicablemente alejados de la realidad (y de la virtualidad). Ajenos, salvo casos raros, a casi todo aquello que ha cambiado la cultura en los últimos treinta años.”[2]

La escuela no es el vehículo exclusivo de transmisión de información. Hace tiempo que no lo es. La televisión es una “ventana al mundo” que permite transmitir mensajes, ideas o valores que pueden coincidir o no con los de los padres y los profesores. Pero el control técnico de la televisión era bastante sencillo. Se apaga o desenchufa con facilidad. Internet, los móviles o las consolas, han hecho ya abiertamente inviable el control físico de las máquinas que transmiten contenidos, extendiendo la zona opaca que no controlan los adultos. Los padres y profesores aparecen como gente sin recursos ante las nuevas tecnologías, anclados al mundo de los libros y reacios a aprender cosas nuevas. Los jóvenes por su parte, aparecen como expertos en las máquinas, pero poco dispuestos a tareas que requieran esfuerzo o pensamiento original. Los mensajes a favor de la lectura de libros, parecen cartulinas gastadas, una evocación de otra época.

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[1] VVAA, Begoña Gros (Coord), Pantallas, juegos y educación.

[2] Verdú, Vicente, Tú y yo, objetos de lujo.tabla.jpg

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Sep 08 2008

Corresponsabilidad educativa

 

 

 

 

todos somos responsables.jpgLa campaña publicitaria de la FAD (Fundación de Ayuda contra la Drogadicción) de Enero de 2003, “Todos somos responsables“, programaba en las televisiones una cuña en la que un sacerdote que oficiaba un bautizo llamaba a los responsables de la educación.

 

“Por favor, que se acerquen los padres y los padrinos, sus profesores de primaria y secundaria, sus mejores amigos, el cantante de su banda favorita, los creadores de videojuegos, los creativos de publicidad, los programadores de televisión y portales de internet, los editores de revistas juveniles…”

En las marquesinas de autobuses se colocaron anuncios como éste, haciendo una llamada cívica a la corresponsabilidad educativa. Ninguna campaña tiene la capacidad de cambiar la realidad, y la realidad de muchas empresas destinadas al público juvenil tiene más que ver, en nuestra cultura, con la maximización de beneficios que con la educación social.

El éxito de esta campaña fue notable dentro de los profesores. Pero no caló en el resto de los colectivos a los que iba dirigido. Ganó a un sector que ya estaba ganado de antemano. Los profesores hace tiempo que son conscientes de lo que dice Inger Enkvist en Repensar la educación:

“Hay un dicho entre varios pueblos africanos que reza así: ‘Se necesita toda una aldea para educar a un niño’”.

 

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El reciente libro de David Rabada, ¿Educar? Educamos todos, es un ejemplo claro de esta tendencia. Los profesores piden ayuda al resto de la sociedad porque tienen la sensación de que, globalmente, muchos sectores se desentienden de la educación, cuando no la entorpecen.

La teoría tan extendida de creer que invirtiendo en educación, a largo plazo, se solucionarán los problemas de la sociedad en su conjunto no está totalmente comprobada. Quizás sea al revés: invirtiendo en la sociedad se pueden arreglar los problemas del sistema educativo. Si la escuela se convierte en el reducto de los valores o las causas loables mientras el resto de los agentes sociales (familia, medios de comunicación, artistas, grupos de pares) están a otra cosa, los valores se guetizan, los jóvenes detentan la contradicción como un argumento para no tenerlos en cuenta.

Es probable que se tenga que incrementar la sensación global de crisis para que se adopten políticas de corresponsabilidad educativa.  Algunas medidas recientes destinadas a mejorar nuestro sistema educativo van dirigidas en ese sentido. La implantación en 20 centros de la red pública vasca de “comunidades de aprendizaje” recupera ese espíritu. Las palabras del consejero son aún más explicitas:

“Las escuelas están desbordadas, se enfrentan a demasiados restos y solas no podrán solucionarlos”[1]


[1] DIARIO VASCO, 19/2/2008

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Sep 07 2008

Fomentar el espíritu crítico

Inger Enkvist, recuerda en “Repensar la educación” lo que dice el psicólogo Overstreet sobre los medios de comunicación:

inger.jpg “Es interesante que este psicólogo -Overstreet- señale a los medios de comunicación -tan influyentes- como ámbitos que se nutren de la inmadurez de los ciudadanos: los periódicos, la radio, el cine y la publicidad. Según él, los periódicos viven de las catástrofes; la radio, de la mediocridad; el cine, de las emociones inmaduras; y la publicidad de deseos irreales ¿Qué ofrecen los medios de comunicación a las personas maduras?”.[1]

Jean Vassal dice en “Cine y personalidad” que existen riesgos en la exposición al cine:

“Es bastante cierto: hay riesgo: Un riesgo, una debilidad que algunos saben explotar: films publicitarios, actualidades fílmicas, propaganda confesada. Hay también la propaganda oculta”.

La solución no puede consistir en aplicar filtros y limitaciones, ya que cada filtro genera su contrafiltro y cada limitación es superada por una nueva violación de los límites. La única posibilidad es inculcar en el alumno un espíritu crítico y procurar extender en la sociedad -aunque sea difícil, casi utópico- una pedagogía colectiva. La escuela se comporta ante lo que no lo gusta como si no existiera. Como si no existiera televisión basura o contenidos antipedagógicos.

Lo que afirma Vassal respecto al cine es extrapolable al universo de nuevas tecnologías de la información actuales:

“La iniciación al cine es, ante todo, una victoria sobre la pasividad (…) aprendiendo a descifrar un film, el adolescente conserva su libertad y neutraliza los venenos que pueda contener una imagen”.(…) De este modo esta iniciación no sólo les preservará de los peligros inherentes al espectáculo, sino que favorece el desarrollo moral de la persona, lo cual debería ser el primordial empeño de todo educador”. [2]


[1] Enkvist, Inger, Repensar la educación.

[2] Jean Vassal, Cine y personalidad.

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Sep 07 2008

Videojuegos…¿educativos?

 

 

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Tras constatar que los videojuegos forman parte de la formación de los alumnos, el reto consiste en integrar los videojuegos en la educación. La utilización del videojuego como elemento educativo es cada vez más frecuente. Algunas ONG han producido juegos online, para móviles o en CDs que pretenden conseguir la empatía de los jóvenes hacia sus causas. ANESVAD mantenía hasta hace poco un juego online para sensibilizar en la lucha contra la lepra. Refugee es otro videojuego producido por Intermon Oxfam que narra con crudeza la vida de los refugiados.

Aunque el caso más extraordinario es el de Imperium Civitas II. Un videojuego de estrategia que gana adeptos como vehículo curricular. En un artículo de El País se preguntan si “¿Puede un videojuego convertirse en herramienta educativa?”[1]. La respuesta es afirmativa. Otro artículo posterior es aún más explícito:

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“Por primera vez, un videojuego entra en el Parlamento Europeo para tratar demostrar que puede ser una herramienta eficaz de enseñanza para los jóvenes. Una iniciativa capitaneada por europarlamentarios italianos, sobre todo, y españoles ha llevado a varios estudiantes de Secundaria a la sede de la eurocámara de Estrasburgo para mostrar cómo se puede aprender historia jugando. ¿Cómo? Pues eso, jugando. Esta novedosa iniciativa, que cuenta con el respaldo de sociólogos, historiadores y especialistas en educación, se puso en marcha gracias a la colaboración de la compañía española FX Interactive, productora de la saga de videojuegos Imperium. Este juego para PC mezcla acción y estrategia para recrear el Imperio Romano”.

Algunas compañías conscientes de la mala imagen general del videojuego abren secciones dedicadas a la educación. Electronic arts crea una web para acercar a los padres y escuela al mundo de los videojuego. Su primera unidad didáctica es a través del juego FIFA. Nintendo ha comprendido que el público adulto es un potencial cliente de videojuegos y ha abierto sus consolas a juegos de entrenamiento mental, aprendizaje de inglés o a gadjets de gimnasia de mantenimiento. De esta forma, deja de ser cosa de niños ociosos para multiplicar el número de usuarios potenciales. Por otra parte, los juegos “sociales”, en los que se participa en grupo (karaoke, carreras, concursos, etc) permiten materializar el ideal de una familia jugando unida.

En el aula todavía no se ha producido esa aceptación: existe un problema relacionado con el uso de videojuegos en el aula y que puede provocar el rechazo o la inhibición del alumno. El profesor tiende a recurrir a los videojuegos cuyos contenidos se encuentren más cerca de cumplir objetivos curriculares y aquellos que moralmente no contengan nada reprobable. El problema reside en lo que afirma Paul Willis: “hay una enorme constricción de la gama de posibilidades morales. Todo está claramente atado, toda historia tiene el mismo fín.” Por eso, es frecuente que los videojuegos que pasan la criba de los profesores están ya desprovistos de interés para los alumnos, tan dirigidos moral y académicamente que muchas veces han perdido su carácter lúdico.

Cuando los profesores incorporan los ordenadores en sus clases suelen dirigir la atención al software educativo existente en su área sin tener en cuenta que los videojuegos son también una fuente de recursos importante para el aprendizaje y la formación.

 

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Es esta la razón de que algunos autores defiendan abiertamente el uso de los medios audiovisuales que forman parte de la realidad de los jóvenes, no los producidos según las restricciones morales y de contenido de los que tienen fines “educativos”. Es decir, la escuela debe estar preparada para acoger lo que el alumno consume realmente, aunque sea violento o reprobable, para así poder neutralizar su efecto. O intentarlo, al menos.


El pais 11/1/2008

 

EL MUNDO 12/12/2007

VVAA, Begoña Gros (Coord), Pantallas, juegos y educación.

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