Jul 31 2008
Éxito social, económico y escuela
Bushmiller, artista consagrado y antiguo alumno de la Facultad de Arte Strathmore da una charla en su antiguo colegio:
“¿Por qué no me preguntas algo relevante? Pregúntame cuanto dinero tengo en el banco o algo por el estilo. … Para ser un gran artista simplemente tienes que ser un gran artista. No hay nada que aprender, están perdiendo el tiempo. Váyanse a casa”.
Esta breve cita reproduce la idea de que el triunfo reposa en las cualidades innatas. El ex-alumno se proclama autodidacta y cifra el éxito –de naturaleza económica- en sus cualidades innatas, al mismo tiempo que reniega de sus ex-profesores y de su escuela en un parlamento en las antípodas del reconocimiento y la gratitud:
-Aprendí que la facultad está compuesta de fracasados que enseñan porque necesitan el seguro médico… o andan cazando carne fresca en los pasillos.
La evidencia de que el triunfo económico y la educación no están, en muchos casos unidos, es un importante vehículo para el descontento escolar y la formación de manifestaciones de resistencia y contracultura escolares. La viñeta de Paco Vera, de El Jueves, ilustra este modelo de triunfo económico y de analfabetismo funcional.
Azagra, en el mismo semanario (1), escenifica a una barrendera, probablemente licenciada en económicas, leyendo prensa especializada recogida del mismo suelo. Este estereotipo de un licenciado trabajando por debajo de su formación, o ganando menos que otros profesionales de menor titulación es una constante bastante desalentadora en gran número de cómics, canciones, o titulares de prensa. El diario El País publicaba estos demoledores titulares:
¿Para qué sirven los sobresalientes?
Los alumnos más brillantes también se enfrentan a una realidad de ‘mileuristas’(2).
El titulo universitario se devalúa
España es el único país de la OCDE en el que los graduados superiores han perdido ventaja laboral en los últimos años (3).
Joaquín Sabina muestra esa idea en El blues de lo que pasa en mi escalera. El más capullo de la clase, el que no sabía hacer la o con un canuto, es un triunfador, y el superclase, el sabio, está en la cola del paro.
El más capullo de mi clase (¡que elemento!)
llegó hasta el Parlamento
y, a sus cuarenta y tantos años,
un escaño
decora con su terno
azul de diputado del gobierno.
Da fe de que ha triunfado
(…)
El superclase de mi clase (¡que pardillo!)
se pudre en el banquillo
y, a sus cuarenta y cinco abriles,
matarile,
y a la cola del paro
por no haber pasado por el aro.
Rebelión en las aulas. El profesor quemado:
“Hoy día es una desventaja haber recibido una educación”.


(1) El Jueves, Marzo 2008
(2) EL PAÍS 16/08/2007
(3) EL PAÍS, 19/09/2007


Un anuncio de emitido en Mayo de 2008, incide en lo que llaman “el compromiso social Bancaja” para “conseguir que todos los jóvenes tengan una oportunidad” con su sistema de becas. Los bancos dedican secciones sociales cuya principal función es contrarrestar su imagen negativa de empresas dedicadas exclusivamente al lucro económico. Lo curioso del anuncio es que de por supuesto que los estudios en universidades de prestigio medio son inútiles. Sólo las universidades excelentes pueden ayudar a los alumnos a salir de entornos deprimidos.
La saga de Harry Potter, que ha conectado tan intensamente con el público infantil y juvenil, ofrece una visión amable y acogedora de la institución escolar. El carácter mágico y acogedor del colegio Hogwarts, y la santidad del director Dumbledore, hacen que se haya convertido en el colegio que todos los jóvenes desearían tener. Aunque hay alumnos y profesores intrigantes, Potter entiende que su escuela de magia, es el único sitio en el que puede prosperar. La saga tiene un personaje, Draco Malfoy, que encarna todo lo negativo: prejuicios de clase, de raza, enaltecimiento de la violencia, de la delación, etc. Pese a todo, la escuela es el sitio que le permite escapar de la horrible familia postiza que le ha tocado, huir de la vulgaridad y proyectar todo su potencial en ese mundo mágico que va a liderar. Ahí es nada.
En un mundo no tan mágico, Will Hunting o la protagonista de Educando a Rita también entienden que la educación, con sus imperfecciones, es el medio más seguro de cambio social. La paradoja es que el precio de ese ascenso sea en ambos casos el extrañamiento del personaje, la pérdida de sus orígenes, la ruptura del matrimonio de Rita o el alejamiento de Will Hunting de su íntimo amigo. De alguna manera, la educación les separa de su entorno natural, y acaba provocando la agresividad de los que hasta entonces eran sus pares y se sienten menospreciados.
Otro Will, protagonista de la serie americana “Jóvenes rebeldes“, sufre en el segundo capítulo las iras de sus amigos de infancia al enterarse de que ha entrado en la elitista Academia Rawley.

Por otra parte, un recurso muy importante del repertorio narrativo, relacionado con la negación del cambio social y económico, es el enfrentamiento del protagonista a su realidad de clase. El indomable Will Hunting en persona, un niño-prodigio de facultades portentosas, tiene que escuchar cómo le provocan con la siguiente afirmación:
O en Machuca.
Da la sensación de que las abejas o las hormigas recelan de una sociedad “perfecta”, poniendo en cuestión todo el orden preestablecido. Es como si las hormigas quisieran ser cigarras, cansadas de ser previsoras y previsibles, y se propusieran disfrutar un poco más del presente.




Todas las escuelas están habilitadas con rejas que son la alegoría de la imposición de la que hablábamos. Sirven para delimitar el espacio, para proteger el recinto del exterior, pero sobre todo, para proteger al exterior de los alumnos, cuyo espacio y tiempo queda limitado para permitir la vida en el exterior: los adultos trabajan, el comercio y el tráfico se intensifican, la sociedad produce libre de las obstrucciones de los niños y jóvenes.






Los niños son raptados y llevados a unas pulcras aulas donde se les somete a un proceso quirúrgico de separación de su alma, el dimon, para que sigan sumisos y receptivos a la autoridad. 












La hormiga laboriosa es cosa del pasado. Ahora, la cigarra reina. 