Archivo de Julio, 2008

Jul 31 2008

Éxito social, económico y escuela

Bushmiller, artista consagrado y antiguo alumno de la Facultad de Arte Strathmore da una charla en su antiguo colegio:

¿Por qué no me preguntas algo relevante? Pregúntame cuanto dinero tengo en el banco o algo por el estilo. … Para ser un gran artista simplemente tienes que ser un gran artista. No hay nada que aprender, están perdiendo el tiempo. Váyanse a casa”.

Esta breve cita reproduce la idea de que el triunfo reposa en las cualidades innatas. El ex-alumno se proclama autodidacta y cifra el éxito –de naturaleza económica- en sus cualidades innatas, al mismo tiempo que reniega de sus ex-profesores y de su escuela en un parlamento en las antípodas del reconocimiento y la gratitud:

-Aprendí que la facultad está compuesta de fracasados que enseñan porque necesitan el seguro médico… o andan cazando carne fresca en los pasillos.

La evidencia de que el triunfo económico y la educación no están, en muchos casos unidos, es un importante vehículo para el descontento escolar y la formación de manifestaciones de resistencia y contracultura escolares. La viñeta de Paco Vera, de El Jueves, ilustra este modelo de triunfo económico y de analfabetismo funcional.

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Azagra, en el mismo semanario (1), escenifica a una barrendera, probablemente licenciada en económicas, leyendo prensa especializada recogida del mismo suelo. Este estereotipo de un licenciado trabajando por debajo de su formación, o ganando menos que otros profesionales de menor titulación es una constante bastante desalentadora en gran número de cómics, canciones, o titulares de prensa. El diario El País publicaba estos demoledores titulares:

¿Para qué sirven los sobresalientes?

Los alumnos más brillantes también se enfrentan a una realidad de ‘mileuristas’(2).

 El titulo universitario se devalúa

España es el único país de la OCDE en el que los graduados superiores han perdido ventaja laboral en los últimos años (3).

Joaquín Sabina muestra esa idea en El blues de lo que pasa en mi escalera. El más capullo de la clase, el que no sabía hacer la o con un canuto, es un triunfador, y el superclase, el sabio, está en la cola del paro.  

El más capullo de mi clase (¡que elemento!)
llegó hasta el Parlamento
y, a sus cuarenta y tantos años,
un escaño
decora con su terno
azul de diputado del gobierno.
Da fe de que ha triunfado

(…)

El superclase de mi clase (¡que pardillo!)
se pudre en el banquillo
y, a sus cuarenta y cinco abriles,
matarile,
y a la cola del paro
por no haber pasado por el aro.

Rebelión en las aulas. El profesor quemado:

Hoy día es una desventaja haber recibido una educación”.

 

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  (1) El Jueves, Marzo 2008

 (2) EL PAÍS 16/08/2007

 (3) EL PAÍS, 19/09/2007 

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Jul 30 2008

La educación como “ascensor social”

“Siempre se ha repetido que la educación es, por excelencia, el ascensor social de los ciudadanos. ¿Es verdad o es un tópico? Y más exactamente: ¿sirve la educación para mejorar socialmente o, al contrario, primero uno mejora y luego adquiere mejor educación?”[1]

Una corriente de pensamiento que refleja la ineficacia del sistema educativo como “ascensor social” puede estar representada por los escritores sociales Samuel Bowles y Herbert Gintis. El sistema escolar, bajo su apariencia de sistema gratuito, libre y laico, ni suma ni resta. Mantiene las mismas desigualdades de partida. Hay un currículo oculto debajo del explícito. El profesor da un trato diferencial al alumno según su origen social y económico, de forma, que el sistema escolar no arregla nada.

El libro de Paul Willis, “Aprendiendo a trabajar”, se plantea la siguiente pregunta. “¿Por qué los chicos de orígenes obreros abandonan la escuela a la primera oportunidad que se les presenta y se dedican a trabajos descualificados?”. El autor mantiene esta hipótesis a pesar de admitir que “no hay una coerción física evidente y sí, en cambio, un cierto grado de autonomía de la voluntad”·. La explicación es que ellos mismos lo consienten construyendo una contracultura escolar que acaba paradójicamente volviéndose en su contra.

De haber sido contemporáneo del libro de Willis, Antonio Gramsci hubiera desaprobado esa contracultura escolar hedonista y presentista. El pensador italiano creía que sólo a través del potencial equiparador de la escuela puede acercarse la sociedad a su ideal de igualdad. El alumno de las clases desfavorecidas estaba obligado a esforzarse más que los de las clases acomodadas, debía construir un ideal de ascetismo y de esfuerzo constante que le permitiese superar su desigualdad de partida, lo contrario a lo que generan los alumnos del estudio descrito en “Aprendiendo a trabajar”. No parece que las ideas de Gramsci sigan vigentes en la actualidad.

bancaja.jpgUn anuncio de emitido en Mayo de 2008, incide en lo que llaman “el compromiso social Bancaja” para “conseguir que todos los jóvenes tengan una oportunidad” con su sistema de becas. Los bancos dedican secciones sociales cuya principal función es contrarrestar su imagen negativa de empresas dedicadas exclusivamente al lucro económico. Lo curioso del anuncio es que de por supuesto que los estudios en universidades de prestigio medio son inútiles. Sólo las universidades excelentes pueden ayudar a los alumnos a salir de entornos deprimidos.

-¿Para qué voy a estudiar si no voy a encontrar trabajo ni tengo un papá rico que me enchufe? Esto es un asco, tío. Jamás conseguiremos salir de aquí. Oxford, tío, voy a estudiar en la mejor facultad de económicas del mundo.

-Yo en la Sorbona, que tampoco está mal, eh.

hogwarts.jpgLa saga de Harry Potter, que ha conectado tan intensamente con el público infantil y juvenil, ofrece una visión amable y acogedora de la institución escolar. El carácter mágico y acogedor del colegio Hogwarts, y la santidad del director Dumbledore, hacen que se haya convertido en el colegio que todos los jóvenes desearían tener. Aunque hay alumnos y profesores intrigantes, Potter entiende que su escuela de magia, es el único sitio en el que puede prosperar. La saga tiene un personaje, Draco Malfoy, que encarna todo lo negativo: prejuicios de clase, de raza, enaltecimiento de la violencia, de la delación, etc. Pese a todo, la escuela es el sitio que le permite escapar de la horrible familia postiza que le ha tocado, huir de la vulgaridad y proyectar todo su potencial en ese mundo mágico que va a liderar. Ahí es nada.

educando a rita.jpg En un mundo no tan mágico, Will Hunting o la protagonista de Educando a Rita también entienden que la educación, con sus imperfecciones, es el medio más seguro de cambio social. La paradoja es que el precio de ese ascenso sea en ambos casos el extrañamiento del personaje, la pérdida de sus orígenes, la ruptura del matrimonio de Rita o el alejamiento de Will Hunting de su íntimo amigo. De alguna manera, la educación les separa de su entorno natural, y acaba provocando la agresividad de los que hasta entonces eran sus pares y se sienten menospreciados.

jovenes rebeldes.jpg Otro Will, protagonista de la serie americana “Jóvenes rebeldes“, sufre en el segundo capítulo las iras de sus amigos de infancia al enterarse de que ha entrado en la elitista Academia Rawley.

“¿Ahora me menosprecias?”.


[1] Joaquín Estefanía, EL PAÍS, 9-12-2007

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Jul 29 2008

Determinismo social

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Los profesores memorables son figuras de connotaciones mesiánicas, mártires, cuyo magisterio no es capaz de ser admitido por el sistema y que triunfan pese a que la sociedad va por detrás de su visión avanzada y su pedagogía comprometida. La profesora Katherine Watson de La sonrisa de Mona Lisa, El profesor John Keating de El club de los poetas muertos, El ingeniero Thackeray de Rebelión en las aulas, Don Gregorio en La lengua de las mariposas, la profesora Louanne Johnson de Mentes peligrosas o el Padre McEnroe de Machuca, todos comparten su negativa a dejar que el sistema educativo o el político perpetúe su determinismo social.

Ni el sistema educativo, ni la sociedad como colectivo, ni las formas de gobierno, son retratadas de forma favorable en las anteriores películas. Las personas -algunas- tienen la razón pero los colectivos se confunden. Es frecuente que triunfe el mal. Las dos películas hispanas, Machuca y La lengua de las mariposas, acaban en sendos golpes de estado -Pinochet y Franco- que acaban con las incipientes libertades académicas que se pretendían instaurar en el sistema educativo.

indomable.jpgPor otra parte, un recurso muy importante del repertorio narrativo, relacionado con la negación del cambio social y económico, es el enfrentamiento del protagonista a su realidad de clase. El indomable Will Hunting en persona, un niño-prodigio de facultades portentosas, tiene que escuchar cómo le provocan con la siguiente afirmación:

“Yo tendré un título y tú servirás patatas fritas a mis hijos cuando paremos a comer algo antes de ir a esquiar”.

machuca.jpgO en Machuca.

“En 10 años más tu amigo va a estar trabajando en la empresa del papito, y tú, vas a seguir limpiando baños”.

Incluso algunas superproducciones de cine infantil generado por ordenador suelen sospechar de las instituciones organizadas, donde el destino social parece prefijado y a cada cuál, independientemente de sus aspiraciones, le acaba tocando un puesto fijo en la colmena o el hormiguero. La película Bee Movie recela de esa función social de la educación en una secuencia en la que cambian a las recién licenciadas abejas el birrete universitario por el casco de abeja obrera “para toda la vida”.

antz.jpg Da la sensación de que las abejas o las hormigas recelan de una sociedad “perfecta”, poniendo en cuestión todo el orden preestablecido. Es como si las hormigas quisieran ser cigarras, cansadas de ser previsoras y previsibles, y se propusieran disfrutar un poco más del presente.

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Jul 28 2008

Producción o reproducción social

modelos.jpg“En el tratamiento de la educación que hacen la prensa diaria y los medios de comunicación audiovisual, llama la atención la presencia simultánea de dos estereotipos contrapuestos entre sí” [1].

Por una parte, el profesor idílico y memorable, capaz de llevar a todos los alumnos en una relación cargada de eros y de seducción a la culminación de sus cualidades innatas. Por el otro, el profesor -o director- imperativo, frustrado, frustrante, crápula, o amargado, hipócrita y envidioso, cuya mediocridad le encadena a la docencia. Se puede ser profesor de cine por razones contrapuestas: por una capacidad mesiánica de entrega o por incapacidad para ser algo mejor. Paradójicamente, la visión idílica de la docencia en la narrativa está vinculada a atributos como la vocación o la santidad religiosa, aunque se visualice en formas secularizadas.

Por otra parte, gran parte del enfrentamiento maniqueo entre los dos tipos básicos de profesores se centra en su actitud respecto a las funciones de la enseñanza: producción cultural -lo innato y lo creativo- o reproducción social y económica -statu quo y jerarquía-. El profesor es caracterizado positivamente cuando empeña todas sus energías en conseguir que los alumnos lleguen a ser lo que determine su potencial y no sus condiciones de partida. En cambio, el profesor es caracterizado negativamente cuando da por condenados a los alumnos pobres, de otra etnia o disminuidos por su contexto social o familiar.

escandalo.jpgLa profesora Barbara Covett escribe en Diario de un escándalo un diario lleno de amargura y resentimiento. Se asoma a la ventana para ver llegar a la plebe de adolescentes que llegan a clase y recita desganada:

“Ahí viene la plebe pubescente local, los futuros fontaneros y dependientes de tiendas, y, qué duda cabe, también algún que otro terrorista”

Otra profesora negativamente representada, también soltera y resentida como la anterior, condena a los alumnos a un futuro laboral predeterminado en un capítulo de los Simpsons[2]:

simpsons.jpg-Dudo mucho del valor educativo de este espectáculo (una exhibición de habilidades con el yoyó).

-Será uno de los pocos recuerdos agradables que tengan cuando estén despachando gasolina.


[1] Julio Cabecero Almenara y Felicidad Loscertales Abril, La imagen del profesor y la enseñanza en los medios de comunicación social, Universidad de Sevilla, 1998.

[2] Los Simpsons, Bart, el amante.

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Jul 28 2008

La metáfora de la cárcel

machuca.jpgTodas las escuelas están habilitadas con rejas que son la alegoría de la imposición de la que hablábamos. Sirven para delimitar el espacio, para proteger el recinto del exterior, pero sobre todo, para proteger al exterior de los alumnos, cuyo espacio y tiempo queda limitado para permitir la vida en el exterior: los adultos trabajan, el comercio y el tráfico se intensifican, la sociedad produce libre de las obstrucciones de los niños y jóvenes.

El cine no ha se ha resistido a convertir las escuelas en cárceles, dada la extraordinaria similitud original que comparten. En la emotiva película chilena Machuca, el golpe de estado de Pinochet convertirá la elitista escuela en una auténtica cárcel. Las dictaduras tiene la prerrogativa de escenificar la metáfora con más claridad, pero, en realidad, cualquiera escuela tiene esa connotación represiva que tanto juego da en algunas películas.

Las películas de internado, casi una variante de las de los filmes de presidio, que pueden derivar hacia la represión, o el mismo terror, corroboran esta analogía.

Obviamente, el cine no crea esta similitud, la recoge y, al mismo tiempo, la refuerza. Algunos alumnos expresan con su actitud la similitud:

En vez de expresar su gratitud por haber podido estudiar, muchos alumnos hablan del colegio como una prisión y esperan el momento de ser liberados”.[1]

Paul Willis escribe también sobre el tema:

Es la intensidad moral en el mantenimiento de este eje y el intento de excluir o suprimir lo contradictorio, las oscuras contracorrientes de la vida normal lo que puede proporcionar a la escuela un sentimiento empalagoso y claustrofóbico de una adolescencia en prisión”[2].

Zona de exclusión

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El aumento de la conflictividad y marginación social en la educación secundaria americana, genera escenas cinematográficas de detectores de metales, institutos fortificados, centros de reclusión que pueden tener gran similitud con series carcelarias como Prison Break. De la idea de instituto se pasa a la de prisión. Una vuelta de tuerca de esa catastrófica visión social puede sufrirse en Curso del 99. Una voz metálica narra al principio de la película cual es la situación del sistema educativo americano en 1990 El instituto Kennedy está situado en una zona de fuego libre. La policía se niega a entrar. La ley no existe. Se ha creado un Departamento de Defensa para la Educación que reabrirá los Institutos y controlará las bandas”. La paradoja es que aquellos centros en los que no se atreve entrar la policía deben ser controlados por profesores, con mucho menos poder coercitivo.


[1] Inger Enkvist, Repensar la educación, Eiunsa, Ediciones Internacionales, Madrid, 2006.

[2] Paul Willis, Aprendiendo a trabajar, Akal, 1988.

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Jul 25 2008

Escuela, autoridad y tiranía

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La película Ser y tener refleja la realidad de una “escuela unitaria” francesa, en la que conviven niños de distintas edades. En uno de los pasajes de este estimulante documental, los niños reflexionan sobre la autoridad y acaban proyectando su deseo de ser como el profesor para poder ejercerla.

 

-El profesor nos dará algo y lo pegaremos.

-Sí, porque él es quien manda.

-Nosotros no mandamos, usted las da, señor.

-Sí, pero cuando cuándo seamos grandes nosotros podremos mandar.

-¡Exacto! ¿Y tal vez tú seas maestro algún día también? Y darás tú las órdenes a tus alumnos. ¿Te gustaría? ¿A ti también?

-A mi también, me gustaría hacer lo mismo que usted.

-¿Quieres ser como yo?

 

La escuela no es el encuentro de gente libre. La actitud de los alumnos pasa de ese primer reconocimiento de la autoridad a posiciones más pasivas o de enfrentamiento. El sociólogo Fernández Enguita es bastante explícito al respecto:

 

“El alumno aprende pronto a adoptar una actitud de indiferencia ante el contenido del aprendizaje, pues sabe que su opinión es irrele­vante, que la escuela hará, de todos modos, lo que le parezca (…) Es el profesor, o/y alguien situado más allá de él, quien determina la pedagogía, el pro­cedimiento de aprendizaje, si éste será activo o pasivo, comprensivo o memorístico, etc. Niños y jóvenes aprenden aponer su capacidad de trabajo al servicio de una voluntad ajena, igual que deberán hacerlo, la mayoría, en la vida adulta”.

 

La imposición, la coacción o el miedo, de alguna u otra forma, son parte del repertorio dramático del sistema educativo. El profesor de Emperor’s Club, William Hundert afirma, tras discutir con los alumnos en clase sobre las formas de gobierno: 

 

-Tiranía es lo que tenemos en clase y da resultado.

 

En El valor de educar, Savater comparte parcialmente la anterior afirmación:

 

“En cierto sentido, la tiranía es real. Hablamos de «tiranía» cuando quien tiene el poder fuerza a otros para que hagan o dejen de hacer algo en contra de su voluntad. Y no cabe duda de que esto es lo que sucede en los primeros años de cualquier tipo de enseñanza” .

 

 No se trata de una tiranía real. En el sentido de que no tiene grandes medios para imponer su autoridad si se rompe el pacto tácito social entre profesor y alumno. Paul Willis afirma que “la escuela es una especie de régimen totalitario” aunque haya “relativamente poca coerción u opresión directa”. Insiste en que “la autoridad del profesor debe ganarse y mantenerse en términos morales y no coercitivos. Debe haber un consentimiento por parte de los alumnos. Sin embargo, la batalla permanente para afirmar y legitimar una supremacía moral personal, especialmente con un poder personal limitado, es agotador y no es una estrategia realmente viable a largo plazo”.

 

En períodos en los que los valores dominantes no le conceden esa sanción, la autoridad puede resquebrajarse.

 

Por otra parte, en nuestra cultura, existen también causas de tipo psicosocial que constatan que el adolescente, se opone al ejercicio directo de la autoridad como forma de reafirmar un yo autónomo. 

 

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 Mariano Fernández Enguita, La escuela a examen, Ediciones Pirámide, Madrid, 1998.

 Fernando Savater, El valor de educar, Ariel, Barcelona, 1997.

 Paul Willis, Aprendiendo a trabajar, Akal, 1988.

 

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Jul 24 2008

Escuela obligatoria

El carácter dramático de una profesión determina la orientación de la película. El sistema educativo tiene cualidades para resultar una institución muy poco fotogénica. Las funciones de guardia y custodia, la selección de los mejores, los exámenes, el estudio, o la disciplina tienen escaso poder persuasivo. La escuela se impone legalmente y la narración se impone por seducción. Por eso, es frecuente que una gran parte de las películas que tratan el mundo educativo lo hagan desde visiones conflictivas o narren épicas de liberación contra “el sistema”, o de reivindicación de las cualidades individuales. No siempre es así, pero la búsqueda de la libertad y de la individualidad es uno de los recursos más eficaces que tiene la ficción cinematográfica. Las películas buscan en los mecanismos psicológicos de identificación y proyección, la activación emocional del espectador y su conversión en protagonista vicarial de la ficción.  

La desconfianza de los jóvenes hacia instituciones como la escuela y su mirada cargada de sospecha hacia los valores del sistema formal, tiene relación con este pecado original de la imposición. Después de todo, la obligatoriedad del sistema educativo es una realidad relativamente reciente. Hasta bien entrado el siglo XX la universalidad y la obligatoriedad de la enseñanza no se han impuesto en nuestra sociedad.

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Un buen ejemplo de esta negativa a aceptar la oligatoriedad podemos constatarlo en las memorias del linguísta y escritor Gavino Leda, cuya infancia llevaron al cine los hermanos Taviani en Padre, padrone. El personaje interpretado por Omero Antoniutti, da vida a un pastor que no acepta la tutela del estado sobre su hijo en lo que respecta a la educación, representa en Padre Padrone los coletazos de una vida salvaje, autárquica, en decadencia en el mundo moderno.  

He venido a buscar a mi hijo tiene que venir conmigo, es mío”.

 En la actualidad, no todos los padres aceptan la tutela estatal. Aunque por razones opuestas a las de Padre Padrone. Recientemente, El Diario Vasco recogía titulares como el siguiente: «¿Es un delito querer educar a tus hijos?. Un artículo sobre la misma familia (1) en El País se tituló “Aprender sin ir a la escuela”. (2)

Juan Vaello Orts escribe lo siguiente: “La obligatoriedad genera reacciones en contra. A diferencia de otros ámbitos, en la escuela obligatoria no surgen los conflictos durante el proceso –que también-, sino que se parte de una situación conflictiva de partida, provocada por la obligatoriedad.” (3)

brujula.jpgLas fábulas para el público infantil tienden, con frecuencia, a reforzar esa reacción contra la obligatoriedad, en lugar de situarla en un contexto de necesidad social. La película La brújula dorada es una reacción contra una institución que, aunque representa con toda seguridad a la Iglesia, recibe el significativo nombre de Magisterio. Dos diálogos extraídos de la película reflejan con claridad la lírica antiautoritaria de este tipo de fábulas.

 -Son mundos de infinitas posibilidades (…) En alguno de ellos no hay ni siquiera ningún Magisterio, ni ninguna Autoridad.

-Eso es una herejía.

-Eso es la verdad.

(…)

-Pero, ¿para qué sirve el magisterio?

-Verás, el magisterio es lo que el mundo necesita. Hace que todo funcione diciendo lo que se debe hacer.

 dorada.jpgLos niños son raptados y llevados a unas pulcras aulas donde se les somete a un proceso quirúrgico de separación de su alma, el dimon, para que sigan sumisos y receptivos a la autoridad. Lo obligatorio es siempre negativo en las ficciones destinadas a niños y adolescentes porque eso halaga sus deseos de liberación.

 

 

 

(1)Cuyo blog se puede consultar en www.educarencasa.org, y que forma parte del movimiento Home-School. 

(2)El País, 10-02-2008.

(3)Juan Vaello Orts, Cómo dar clase a los que no quieren, Santilla educación SL, Madrid, 2007. 

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Jul 22 2008

Tipos de aprendizaje

 

bai.jpgEl sociólogo Javier Elzo recoge una tipología clásica de la educación:

1. El aprendizaje formal. Tiene lugar en los centros de educación y formación y produce diplomas y cualificaciones burocrática y socialmente reconocidos.

 

     2. El aprendizaje no formal. No produce títulos formales, pero complementa los sistemas formales (academias, congresos, cursillos, etc.)

     3. El aprendizaje informal. Tiene lugar en la vida cotidiana y puede no ser intencionado. Los amigos, los medios de comunicación, etc.

El aprendizaje informal está dibujado con cualidades atractivas: se desarrolla en la vida cotidiana, no requiere esfuerzo, responde a los intereses directos de los alumnos, es seductor, se refuerza por el interés de los pares, de los iguales y no está dificultado por burocracias ni ejecutado por profesionales oficiales. El aprendizaje informal no da la impresión de provenir de unas instituciones capciosas o moralizantes, no está burocratizado, no se encierra en currículos arbitrarios o malintencionados. No es de extrañar, que gran parte del atractivo de propuestas docentes no formales (como bai and by) se centre publicitariamente en ridiculizar el conocimiento formal, como impositivo y adocenado, mientras se resalta la libertad de las academias y sistemas de enseñanza a distancia, la falta de horarios, su atractivo, su conexión con las nuevas necesidades y los medios audiovisuales empleados como técnicas de aprendizaje.

 

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 Javier Elzo, Los jóvenes y la felicidad, PPC, Editorial y Distribuidora, Madrid, 2006.

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Jul 17 2008

Cuestionamiento del currículo

randy.jpgLos profesores encomiables de las pantallas se cuestionan lo que están impartiendo e, incluso, lo rompen, lo destruyen, y abren nuevos caminos. Los alumnos no llegan tan lejos. Se plantan ante profesores que transmiten por inercia, sin visión de conjunto, abotargados por la presión, irritados ante su falta de respuestas.
Como en la tira de Randy Glasbergen, un dibujante que trata con frecuencia las paradojas de la práctica docente, y el insalvable salto generacional entre profesores y alumnos, en la película Melody, de 1971, el alumno se cuestiona la validez práctica de las enseñanzas que recibe, mientras el profesor, desconocedor también de su utilidad, reacciona sin convicción y con rudeza a preguntas que no sabe responder.

Profesor: Sí, Onshaw?

Onshaw: ¿Qué hacía Wellington en España?

Profesor: Estaba ahí y punto.

Onshaw: Perdone, pero no entiendo el motivo.

Profesor: Onshaw, no puedo atrasar la clase por tu culpa. Baja la mano y cállate. Es una clase de historia, no de preguntas.

…………..

Profesor: ¿Porqué crees que es un idioma tonto y muerto?

Onsaw: No podría hablarle a un romano muerto aunque supiera el maldito idioma.

Profesor: No me provoques, Onshaw. Creo que serán unos 6 latigazos.

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Eduard Punset aboga en su blog[1] por introducir la “competencia emocional” en los currículos. La opinión de Vicente Verdú es muy parecida. En su libro Passe composse, que es una recopilación de artículos periodísticos, defiende el conocimiento de sí mismo como objeto de estudio:

“Cuestiones de parecida naturaleza pasan de largo en el programa escolar. (…) Pero ¿no sería indispensable que se ayudara a saber vivir mejor, a abrirse a los extraños, a considerar nuestra finitud, a aceptar la fatalidad de los fracasos y aprender a asumirlos, a reforzar la autoestima y la estima de la humanidad, a desarrollar la generosidad y el perdón, el valor de la conexión e interpretación de los demás, la cabal ponderación del éxito o el dinero? Mientras la educación curricular languidece, por todas partes se aviva la necesidad de aprender a discurrir.”


[1] http://www.eduardpunset.es/blog/

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Jul 16 2008

Los otros: ¿El rebaño?

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De nuevo John Keating, el encomiable profesor interpretado por Robin Williams, expone este ideario de ficción: “Todos tenemos una gran necesidad de ser aceptados. Pero deben confiar en que sus creencias son únicas, propias. Aún cuando otros piensen que son raras o impopulares. Aún cuando el rebaño comience, “Eso es ma-a-a-a-a-lo.”"

La lista de adolescentes, que en las historias de entretenimiento, sufre por una elección profesional que los padres no aprueban, es interminable. Uno de los modelos más influyente de joven que no encaja es Holden Caufield, el protagonista de “El guardián sobre el centeno”, que moldea un adolescente cuya sensibilidad, superior a la de la media, no es captada por el entorno escolar, ni por el mundo de los adultos, y que camina desganado al borde de la crisis. La novela Proyecto X, las películas El invisible o Donnie Darko siguen ese patrón de joven incomprendido.

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En la película española Mensaka[1] dos personajes mantienen el siguiente diálogo hablando de la presión social:

-El mundo es un sistema ya organizado. Como ese plato. Mira, todas las patatitas cortadas igual. (…) Las cosas no son así. Ahora nos quieren hacer a todos de fábrica, todos cortados por el mismo patrón. Comprando lo mismo, pensando lo mismo. Y el que es distinto… a joderle. Hasta que te hacen igual.

-¿Tú sabes lo que es el rencor social?

-¿Rencor social? Venga, no me jodas. ¿Dónde has aprendido eso? ¿Para eso te ha servido estudiar Derecho?

Frente a esta visión negativa de lo colectivo, del rol, de lo social, como enemigos de la identidad única e irrepetible, hay algunas películas -no demasiadas- que NO alimentan esta lírica de liberación y colocan la responsabilidad de los actos en el propio joven. Es probable que este tipo de película no sea el más popular entre los adolescentes. El profesor Tackeray de Rebelión en las aulas II saca a la calle a los alumnos para realizar un experimento científico consistente en observar cómo reacciona la gente ante las distintas actitudes de los alumnos. La conclusión es la siguiente:

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Lo que vimos ayer es que, hasta cierto punto, controlamos el modo en que se nos percibe. “¡Eh, tú!” obtiene una respuesta, “Perdone, señor”, otra. Si nos dirigimos a alguien con respeto, es más probable que nos respeten. No siempre es así, pero más a menudo de lo que creen. Sean educados. “Por favor”. “Gracias”. “Perdone”. Son palabras mágicas”.


[1] Dirigida por Salvador García Ruiz y con guión de Luis Marías basado en la novela de José Ángel Mañas.

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