Oct 16 2008
El espacio como ideología
La reciente película noruega High school teacher Pedersen, de Hans Petter Moland, narra la vida del profesor de instituto y camarada Pedersen. La trama escolar tiene pocos minutos pero cierta trascendencia. El germen de un frustrado movimiento revolucionario nace en el aula. El camarada Werner dice que la estructura de la clase es muy autoritaria y convence a todos los alumnos, y al profesor Pedersen, para cambiar ese orden de cosas, moviendo las sillas y sentándose finalmente en el suelo.

-…necesitamos revisar la forma en que usted imparte la historia. Esta clase tiene una estructura autoritaria que hace difícil tener una conversación natural.
-¿Crees que yo soy autoritario?
-Usted, no. Usted nos gusta. Pero este aula es demasiado restrictiva. Nos sentamos en hileras. Es muy militar. Nosotros, abajo, usted, ahí arriba. Esto se puede mejorar. ¿Le puedo mostrar una idea? Si sólo movemos los pupitres…se rompe un poco la estructura. ¿No es más libre así?
Un capítulo del libro de David Radaba se titula Añoranzas de tarima. La eliminación de la tarima suponía la constatación de que, a juicio de algunos reformistas, la ideología de la tarima era autoritaria.
“La pedagogía moderna encontró que la tarima era anacrónica y distante con los alumnos (…) Que los escolares vieran al profe en posición alta, decía, no favorecía el concepto de igualdad entre humanos ni tampoco el trato más cercano entre docentes y adolescentes.”
Es muy difícil que no exista jerarquía en la relación establecida entre veinte alumnos y un solo profesor. En cualquier caso, el cine ha sabido ver esta identificación entre espacio e ideología. Unos profesores, y unos sistemas educativos, han elegido la ordenación simétrica y otros han intentado romper clichés rompiendo el espacio formalizado del aula. Introduciendo de esta forma las ideas antiatoritarias y liberadoras tan caras a las fábulas de ficción.

Madadayo. La estricta geometría formal como categoría de la autoridad.

La rígida escuela de mujeres de Los mejores años de Miss Brodie.

Diarios de la calle. Una línea en el suelo que acabe con la segregación racial.
El club de los poetas muertos, “miren desde otro punto de vista”.


Los colegios privados siguen el modelo del college inglés, con amplios jardines verdes, edificios antiguos, conjuntos neoclásicos y capillas góticas. Son escenarios ideales para que el alumno se enfrente a hermandades clasistas o tradiciones repudiables. No hay problemas graves de disciplina entre alumnos y profesores, pero sí que puede haberlos entre alumnos. Las hermandades se apoderan del control informal de la institución, con la aquiescencia de los profesores y se convierten en tiránicas. La competitividad, la tradición, o el prejuicio, se convierten en desencadenantes de la trama. El poder, el dinero y las expectativas de los padres, son elementos negativos. Emperors club, El club de los poetas muertos, La sonrisa de Mona Lisa, Perversión en las aulas, etc.
En nuestro mundo la escuela también esta asociada a clase social. El rico sufrirá una caracterización negativa. Las ficciones van destinadas a los bienaventurados, a los que nada tienen, a los que sufren. De ellos será el reino de la ficción.



El espectador tiene la sensación de que dentro de una clase una escena es de corta duración, de que enseguida tocará el timbre y vendrá el bullicio de un recreo, de los juegos o de un trayecto dialogado, del movimiento o la libertad, muchos más fotogénicos. Las series “Salvados por la campana” o “Al salir de clase” son bastante expresivas. Los protagonistas son alumnos, su target son los jóvenes en edad escolar, pero no habrá clase, se verán escenarios anejos: pasillos, gimnasios, tabernas. El aula genera una dificultad colectiva que va contra las reglas de la sencillez. La clase es una interacción compleja, llena de actores, con pulsiones no tan claras como exige la dramaturgia. Los alumnos, en igualdad de condiciones físicas, repetidos como los pupitres, no se pueden privilegiar en una acción, en un gesto con claridad. Si se genera una acción de antagonismo y establecemos unos actores principales, ¿qué hace el resto, cómo reacciona? Las películas que tratan la interacción de aula con cierto rigor han de hacerlo varias veces, presentar a los personajes, familiarizarse con las relaciones, profundizar en las relaciones de grupo.

Para que muchas de las historias infantiles o juveniles comiencen, lo primer que hay que hacer es neutralizar a aquellos que dirigen sus conductas. Un muchacho no puede ser responsable de su propia historia hasta que la influencia de padres y profesores ha sido anulada. Es decir, se pone en suspenso la socialización primaria y secundaria, el niño no recibirá órdenes, decidirá su propio futuro. Esto sucede en el modelo clásico con el recurso de la orfandad, matando narrativamente a los padres.


El modelo contemporáneo no es idéntico. Las series y películas actuales no recuperan con tanta frecuencia ese modelo de padre o madre desaparecidos. Se trata más de una “orfandad psicológica”. La madre o el padre se inhiben de sus obligaciones de socialización, dejan al niño a la deriva o le imponen sus reglas y un futuro predeterminado. Por eso, como Mathilda, reniegan de su familia biológica para no tener que renunciar a su superioridad intelectual. Algo parecido le sucede a Donnie Darko, que decide sacrificarse antes que continuar desarrollando un corsé social que no es el que él ha elegido. Henriette, la protagonista del cómic de Philippe Dupyu y Charles Berberian, reniega de sus padres, unos seres ensimismados y egoístas.
El estilo Burger King. Algunas campañas de la multinacional americana ofrecen una visión negativa de los padres. Son padres que no conceden descanso a los hijos, los atosigan con reglas, con actividades extraescolares y sólo se oyen a sí mismos. “Acaso nacimos con cubiertos en las manos“. Por eso, los establecimientos de la cadena ofrecen un espacio de “libertad“, dónde el niño podrá ser el protagonista -”Aquí tú eres el King“- y no el objeto de las frustraciones de los padres.




La hormiga laboriosa es cosa del pasado. Ahora, la cigarra reina. 