Ni la adolescencia ni los valores son realidades universales y absolutas. La adolescencia es un fenómeno cultural relativamente reciente, asociado a una cultura y a un desarrollo económico concreto.
“El concepto de “adolescente” es relativamente reciente. Los cambios biológicos que supone la pubertad (el momento en el que una persona es capaz de tener una actividad sexual adulta y de reproducirse) son universales. Sin embargo, en muchas culturas esto no produce el mismo grado de confusión e incertidumbre tan habitual entre los jóvenes occidentales de hoy”.
“La particularidad de ser “adolescente” en las sociedades occidentales está relacionada tanto con la expansión generalizada de los derechos del niño como con el proceso educativo formal. Los adolescentes suelen intentar copiar el comportamiento de los adultos, pero la ley los trata como niños. Puede que quieran trabajar, pero se les obliga a permanecer en el colegio. Los adolescentes están “a medio camino” entre la infancia y la madurez, y crecen en una sociedad sujeta a continuos cambios” .
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Frank McCourt, el autor de Las cenizas de Angela, cuenta en El profesor como era su juventud en Irlanda.
“En Irlanda no había adolescentes, al menos en mi mundo. Eras niño, Ibas a la escuela hasta los catorce años. Si hablabas mal a los padres, te daban tal sopapo en la jeta que te mandaban al otro lado de la habitación. Te hacías mayor, empezabas a trabajar de obrero, te casabas, te bebías tu pinta los viernes por la noche, esa misma noche te tirabas a tu mujer y la tenías preñada constantemente.”
La eficacia de algunas canciones, películas, cómics o videojuegos destinados al público adolescente, la razón de que sean tan populares, es que tratan al joven como adulto, le convierten en protagonista de un futuro prometedor o alejado de la represión y de la moral adulta. El colegio es parte del problema. Es la institución más implicada en el alargamiento del limbo de la adolescencia. La música llama en ocasiones a la rebelión. Litzy (Quisiera ser mayor). Lara (Ser mayor). Kannon (Ser mayor).
Poder SER MAYOR, Saltarme el control,
Borrar tu sermón, Vivir mi propio error,
Para elegir por donde ir,
Para decir que no o que sí al corazón…
Lara, la cantante y compositora de 16 años, de la canción cuyo estribillo hemos reproducido anteriormente, titula su disco con un significativo título: “Cambiar el mundo”. No obstante, a juicio del sociólogo Javier Elzo, hay un desfase entre los buenos deseos de los jóvenes y el comportamiento realmente comprometido.
“Hay que señalar que en muchos de los jóvenes de hoy existe un hiato, una falla, entre los valores finalistas y los valores instrumentales: los jóvenes de hoy apuestan e invierten afectiva y racionalmente en los valores finalistas (pacifismo, tolerancia, ecología, exigencia de lealtad…), a la par que presentan, sin embargo, grandes fallas en los valores instrumentales sin los cuales todo lo anterior corre el gran riesgo de quedarse en un discurso bonito”.
En el quinquenio que media entre 1995 y 1999, la religión y la política pierden peso en las preferencias de los jóvenes vascos y navarros[3]. Suben la amistad y el ocio. Según las teorías del controvertido Francis Fukuyama, con el paso de una sociedad industrial a una postindustrial se produce la “gran ruptura social”. “Se debilitan los lazos sociales, los valores comunitarios se deshacen y comienza a emerger un nuevo orden social basado en el individualismo instrumentalista”[4]. Esta gran ruptura afecta sobre todo a las generaciones más jóvenes, que se convierten en “turistas sociales”, que quedan desenganchados de las instituciones, de los valores tradicionales y viven una realidad social paralela. Algunos autores definen caracterizan al joven como autista, indolente o presentista.
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En el cine, con cierta cadencia, aparecen películas cuya visión de los jóvenes es bastante catastrofista y que, subrayando los comportamientos hedonistas, el sexo o las drogas, acaba escandalizando a los adultos. ¿Estos son nuestros jóvenes? Una de las primeras películas que muestra a adolescentes desbocados es KIDS. El escritor Larry Clark filmó en 1995 esta cinta publicitada como “una toque de atención al mundo”. En ella los jóvenes desarrollan un comportamiento aparentemente normal ante los adultos, mientras que en su deambular por la ciudad usan las drogas o el sexo sin considerar en ningún momento los riesgos ni las consecuencias. Son jóvenes que viven en una zona opaca para los adultos, en un universo privado y autoconstruido. La película alemana Hoy empieza todo o la americana Thirteen narran universos parecidos. El propio Clark ha seguido en esa misma línea con Bully o Ken park.
¿Existen adolescentes como los que describe Larry Clark? ¿Refleja algo real? Es evidente que alguno hay porque la película está basada en hechos reales. Además, Clark suele reconocer que el vivió su adolescencia con una apatía similar. Pero me refiero a si existen tantos como para justificar una carrera cinematográfica dedicada sólo a reflejar este tipo de juventud. Porque Kids hace unos años contaba el mismo tipo de historia. Jóvenes ociosos, un tanto descerebrados, sin oficio ni beneficio, tolerados por unos padres bastante apáticos. Solo la madre de Lisa, censura levemente a la pandilla basura:
-Ninguno trabajáis, no estudiáis, no hacéis nada. Sólo perdéis el tiempo, vais en el coche… No hacéis más que comer y dormir.
[1] Anthony Giddens, Manual de Sociología
[2] Jóvenes y valores, la clave para la sociedad del futuro, Javier Elzo, Fundación La Caixa. Barcelona, 2006
[3] Los valores de los vascos y navarros ante el nuevo milenio. VVAA. Universidad de Deusto, 2002.
[4] Jóvenes españoles 2005, VVAA, Fundación Santamaría.
