El resentimiento se ha hecho más explícito. Son profesores fracasados, sin talento, que odian su profesión, no entienden a la juventud. Sus expectativas eran más elevadas o diferentes. Culpan a los alumnos, a los nuevos tiempos, a la delincuencia. Sienten en su fuero interno que han fracasado y somatizan todas sus frustraciones en su profesión y en los alumnos.
El bedel Carl, cuya profesión carece de prestigio social, es, sin embargo, un sabio que disecciona la psicología resentida del profesor Vernon en una conversación fundamental de El club de los cinco:

-¿Cuando eras niño qué querías ser?
-Llevo en la enseñanza más de 22 años. Y cada año esos chicos se vuelven más y más arrogantes.
-No digas sandeces. Los chicos no han cambiado, has cambiado tú. Elegiste la enseñanza porque te pareció que podía ser divertida ¿no? Porque podrías disfrutar de las vacaciones de verano. Luego te diste cuenta de que era un trabajo de verdad y te sentiste frustrado.
-Los chicos la han tomado conmigo, Me tratan como a un perfecto gilipollas.
-Venga ya, si tuvieras 16 años, ¿que pensarías de ti?
-Crees que me importa un carajo lo que esos chicos piensen de mí.
-Sí, lo creo.
El profesor Weston de Rebelión en las aulas representa lo contrario de Tackeray. No es aseado, ni trabajador, ni apuesto. Es el primero en cobrar el día de paga. Su resentimiento aflora por todas partes.

-Es usted un ingenuo mi querido colega. Dentro de nada estarán ganando el doble que usted y que yo. Serán parte feliz del gran Londres sucio, analfabeto y maloliente. Y vivirán encantados. Hoy día es una desventaja haber recibido una educación.
La educación autoritaria generaba muchos profesores crueles. Pese al cambio de paradigma educativo, el cine sigue conservando ejemplos de profesores que se ensañan con sus alumnos. Abusan de su posición de poder para descargar todas sus frustraciones. Están resentidos pero su manera de afrontar el resentimiento es construir un personaje implacable, severo y riguroso.
Txintxeta el profesor de la novela de Xavier Mendiguren, Irakasle alu bat, pertenecería a este grupo. El recuerdo que deja en el alumno que narra la historia es imborrable.
“Ez zait sekula ahaztuko irakasle alu hura. Alua zen, bai. Alua, eta kabroia eta putasemea. Gehikerian ari naizela pentsa lezake baten batek, pasatu egin naizela. Hala uste duenak ez zuen Txintxeta ezagutu, ez daki oso ondo nolakoa zen alu hura”.
El profesor Robert Crawford de Descubriendo a Forrester intenta humillar a un alumno débil. Utiliza el conocimiento como arma arrojadiza. La crueldad, la pedantería, el academicismo inútil y el resentimiento son sus señas de identidad. Es profesor y crítico -quizás una de las profesiones más ridiculizadas por los guionistas- porque no ha tenido talento para se escritor. De ahí su resentimiento con el talento del joven estudiante negro de 16 años Jamal Wallace, discípulo del retirado escritor William Forrester. Los que se sitúan fuera de la docencia son los verdaderos héroes de la trama.
La señorita Tingle, que cumple perfectamente con las cualidades sombrías de este estereotipo, se regodea en su maldad. No deja títere con cabeza, pero su alumna, Leigh Ann Watson, sabe de dónde viene su resentimiento:
-Se oculta tras su licenciatura, pero la verdad es que está celosa de todo estudiante al que enseña. ¿Nunca salió de esta ciudad, verdad? Fue al instituto aquí, ahora enseña aquí y morirá aquí. Y le duele que alguien preocupado por su futuro quiera marcharse para buscarse una vida.
El profesor Croker Harris de La versión Browning -película de la que hay dos versiones, una de 1951 y otra de 1994- se da cuenta de que ha fracasado como profesor al entablar una relación privilegiada con un alumno: Taplow. Su vida familiar está marcada por un matrimonio fracasado. Sus sueños de juventud no se han cumplido. La dureza con la que trata a los alumnos, que le han puesto el mote de Hitler, encubre su frustración por todo lo anterior. Finalmente, se redimirá de sus culpas en una multitudinaria confesión ante toda la comunidad.
Croker Harris ejemplifica mejor que otros profesores de ficción al profesional de la docencia que ha intentado protegerse creando una aparente “frialdad emocional“, negándose a sentir, construyendo un entorno aséptico y un personaje de temible fachada para esconder su vulnerabilidad y sus emociones.