Archivo de Diciembre, 2008

Dic 30 2008

El profesor como alivio cómico

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Es el profesor enclenque, no muy atractivo físicamente y con pocas habilidades sociales. Resulta ridículo, puede que entrañable en su inutilidad cómica. Es el profesor que produce gracia y  pena. Incluso los alumnos le miran con superioridad, como dándolo por perdido. Cuando era joven, no hay duda de que era el friki, el inadaptado de la clase, el empollón que, al hacerse mayor, se ha parapetado en la docencia.

El profesor chiflado, protagonizada por Jerry Lewis abre un camino por el que transitarán todos los profesores de las comedias adolescentes. Siguiendo el esquema de El doctor Jekyll y Mr Hide, el profesor Julius Kelp inventa una fórmula para convertirse en alguien atractivo y sociable.rebelion en la isla.jpg

            En las películas dedicadas al público infantil es frecuente ver profesores torpes, aunque bienintencionados. No son hombres de acción. No pueden pasar de la teoría a la práctica. Cuando hay que ser resolutivo otro toma el testigo. Es lo que sucede con el profesor Tibatong de Rebelión en la isla, que, con las mejores intenciones, va cometiendo torpeza tras torpeza.

            Incluso en producciones televisivas alejadas de la comedia o del público infantil, como Perdidos, recurren a un profesor como alivio cómico. Leslie Artz es un profesor que acusa a los demás de excluirle. Se cree sabio y supone que él también puede ser líder. Cree que su conocimiento teórico sobre explosivos le permite dar consejos al héroe. Saltará por los aires. Humor negro.

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Dic 30 2008

El pusilánime

Tiende a ser un profesor joven que se ha metido en la docencia sin valorar su dificultad. Su temperamento es débil. No sabe adueñarse de la clase. Ni siquiera tiene otras aspiraciones. Su pedagogía es ridícula.

Zaldi Eroa, el dibujante de tiras de Berria, ha creado un personaje llamado Mieltxo. Un supuesto profesor de plastilina, que no prepara las clases, que convierte lo lúdico en ridículas unidades didácticas y que se ve superado una y otra vez por la curiosidad de sus pequeños alumnos.   

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La profesora Abbey de La sonrisa de Mona Lisa es el contrapunto débil de la ejemplar profesor Watson.  Nancy Abbey da clases de dicción, elocución y compostura aunque jamás ha viajado fuera, ni tiene vida amorosa y se pasa su tiempo libre viendo la televisión. No se cuestiona nada y su aspecto tiende a ridículo.        

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Blanca, la profesora de Literatura de Física y Química, la serie ambientada en el Instituto Zurbarán, es caracterizada desde el primer fotograma en el que aparece en pantalla como un profesor pusilánime. Pese a que siempre había deseado ejercer la docencia, se da cuenta de que no tiene recursos para el trabajo en la primera clase.

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La pedagogía de algunos profesores es algo más que cuestionable. La profesora Kitty Farmer, de Donnie Darko, obliga a los alumnos a marcar con una x en la “línea de la vida” determinados comportamientos en el continuum miedo-amor. Una pedagogía que ejemplifica la memez de algunas técnicas didácticas y ante la que Donnie Darko se rebelará. Son profesores, que con sus aparentes buenas intenciones, harán más mal que bien.

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Dic 30 2008

Deprimidas y superadas

No es difícil encontrar ejemplos de profesores al borde de la depresión. No obstante, en su codificación más estricta el profesor superado es una mujer madura, de un instituto público que tiene asignada una clase muy conflictiva. Es la anterior al héroe, al protagonista. Su fracaso en la conducción de la clase certifica que la clase es de extrema dificultad y subraya el éxito del profesor o la profesora ejemplar cuando se haga con el control absoluto de la clase.

profesores de boston.jpg Primer capítulo de la serie Profesores de Boston:

 -No quieren escuchar. No quieren aprender. No soy oficial de la condicional. ¿Lo entiendes? Soy maestra. La gente no me respeta. Soy maestra. ¡Por Dios santo! ¡Ya estoy harta!

 Comienzo del largometraje para televisión, Masala:masala.jpg

 -Ya no aguanto más, estos críos son el demonio. Me han echado de la clase. Voy a pedir la baja. No puedo más.

 Los profesores reales se confiesan en algún momento al borde del abandono o la depresión.

 “Hirugarren urtean, bigarren zikloan jarri ninduten. Gela bat izatetik gelarik gela ibili behar izatera pasatu nintzen. Hirugarren ikasturte hartan bertan piztu zitzaidan ikastola utzi eta beste norabait joateko gogoa”. Kurrin-kurrun vitae, Joxerra Garzia, Alberdania, irun, 2004, 65 o.

 Forges representa a la profesora despeinada y con el gesto cansado, agotada por el creciente número de funciones que debe desempeñar.

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 La profesora de Hoy empieza todo:

 

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             “Ahora todo ha cambiado. Tengo 30 alumnos y me superan”.

 El tono de comedia predomina en este pasaje de Le plus beau metier du monde, en la que el director y dos profesores se intercambian antidepresivos. La depresión por la que van pasando diversos miembros del claustro se convierte en un elemento cómico de la película.

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“Siempre acabas igual al final de todos los cursos; agotado, quemado, sucio. Es un ciclo invariable”. Toni Sala, Crónica de un profesor en Secundaria.

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Dic 29 2008

Fracasado y cruel

El resentimiento se ha hecho más explícito. Son profesores fracasados, sin talento, que odian su profesión, no entienden a la juventud. Sus expectativas eran más elevadas o diferentes. Culpan a los alumnos, a los nuevos tiempos, a la delincuencia. Sienten en su fuero interno que han fracasado y somatizan todas sus frustraciones en su profesión y en los alumnos.

             El bedel Carl, cuya profesión carece de prestigio social, es, sin embargo, un sabio que disecciona la psicología resentida del profesor Vernon en una conversación fundamental de El club de los cinco:

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-¿Cuando eras niño qué querías ser?

-Llevo en la enseñanza más de 22 años. Y cada año esos chicos se vuelven más y más arrogantes.

-No digas sandeces. Los chicos no han cambiado, has cambiado tú. Elegiste la enseñanza porque te pareció que podía ser divertida ¿no?  Porque podrías disfrutar de las vacaciones de verano. Luego te diste cuenta de que era un trabajo de verdad y te sentiste frustrado.

-Los chicos la han tomado conmigo, Me tratan como a un perfecto gilipollas.

-Venga ya, si tuvieras 16 años, ¿que pensarías de ti?

-Crees que me importa un carajo lo que esos chicos piensen de mí.

-Sí, lo creo.

             El profesor Weston de Rebelión en las aulas representa lo contrario de Tackeray. No es aseado, ni trabajador, ni apuesto. Es el primero en cobrar el día de paga. Su resentimiento aflora por todas partes.

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-Es usted un ingenuo mi querido colega. Dentro de nada estarán ganando el doble que usted y que yo. Serán parte feliz del gran Londres sucio, analfabeto y maloliente. Y vivirán encantados. Hoy día es una desventaja haber recibido una educación.

            La educación autoritaria generaba muchos profesores crueles. Pese al cambio de paradigma educativo, el cine sigue conservando ejemplos de profesores que se ensañan con sus alumnos. Abusan de su posición de poder para descargar todas sus frustraciones. Están resentidos pero su manera de afrontar el resentimiento es construir un personaje implacable, severo y riguroso.

           Txintxeta el profesor de la novela de Xavier Mendiguren, Irakasle alu bat, pertenecería a este grupo. El recuerdo que deja en el alumno que narra la historia es imborrable.

“Ez zait sekula ahaztuko irakasle alu hura. Alua zen, bai. Alua, eta kabroia eta putasemea. Gehikerian ari naizela pentsa lezake baten batek, pasatu egin naizela. Hala uste duenak ez zuen Txintxeta ezagutu, ez daki oso ondo nolakoa zen alu hura”.  

descubriendo a forrester.jpgEl profesor Robert Crawford de Descubriendo a Forrester intenta humillar a un alumno débil. Utiliza el conocimiento como arma arrojadiza. La crueldad, la pedantería, el academicismo inútil y el resentimiento son sus señas de identidad. Es profesor y crítico -quizás una de las profesiones más ridiculizadas por los guionistas- porque no ha tenido talento para se escritor. De ahí su resentimiento con el talento del joven estudiante negro de 16 años Jamal Wallace, discípulo del retirado escritor William Forrester. Los que se sitúan fuera de la docencia son los verdaderos héroes de la trama.

La señorita Tingle, que cumple perfectamente con las cualidades sombrías de este estereotipo, se regodea en su maldad. No deja títere con cabeza, pero su alumna, Leigh Ann Watson, sabe de dónde viene su resentimiento:      senorita tingle.jpg                     

-Se oculta tras su licenciatura, pero la verdad es que está celosa de todo estudiante al que enseña. ¿Nunca salió de esta ciudad, verdad? Fue al instituto aquí, ahora enseña aquí y morirá aquí. Y le duele que alguien preocupado por su futuro quiera marcharse para buscarse una vida.

             El profesor Croker Harris de La versión Browning -película de la que hay dos versiones, una de 1951 y otra de 1994- se da cuenta de que ha fracasado como profesor al entablar una relación privilegiada con un alumno: Taplow. Su vida familiar está marcada por un matrimonio fracasado. Sus sueños de juventud no se han cumplido. La dureza con la que trata a los alumnos, que le han puesto el mote de Hitler, encubre su frustración por todo lo anterior. Finalmente, se redimirá de sus culpas en una multitudinaria confesión ante toda la comunidad.

la version browning.jpg Croker Harris ejemplifica mejor que otros profesores de ficción al profesional de la docencia que ha intentado protegerse creando una aparente “frialdad emocional“, negándose a sentir, construyendo un entorno aséptico y un personaje de temible fachada para esconder su vulnerabilidad y sus emociones.

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Dic 29 2008

Fracasado y acomodado

Para que el profesor ejemplar del apartado anterior brille con más fuerza, la ficción ha construido todo un repertorio de profesores no ejemplares. El primero de ellos es el fracasado. Hay toda una escala dramática del fracaso. El primer tipo sería el profesor acomodado.

El profesor acomodado ha fracasado porque ha echado la toalla como profesor. No es ni malo ni bueno. Es un profesor funcionario. Sirve para resaltar la entrega sin recelos del protagonista. El acomodado evita las discusiones, las aventuras, ha encontrado un grupo de alumnos que no tiene problemas de disciplina, da las clases sin arriesgar, ha sorteado los peligros, no se hace notar y es dócil con el poder. No intenta salvar a ningún alumno ni se levanta ante las injusticias. Este estereotipo representa a un profesor sin vocación, que trabaja por el sueldo, añorando débilmente otro futuro mejor, pero sin el coraje para conquistarlo.

El premio nobel de literatura como Saramago describe en El hombre duplicado a un anodino profesor de secundaria, poseído por su trabajo, soñando con un futuro más halagueño:

“Algo tienes, una carrera, una trabajo, a primera vista no se ven motivos de queja, Son la carrera y el trabajo los que me tienen a mí, no yo a ellos, De ese mal, suponiendo que realmente lo sea, todos nos quejamos, también a mí me gustaría que me conociesen como un genio de las matemáticas en lugar del mediocre y resignado profesor de enseñanza secundaria que no tengo más remedio que seguir siendo, No me gusto, probablemente ése es el problema” 

El profesor George McAllister, conversa con Keating sobre los métodos creativos de enseñanza que emplea éste último. Lo que subyace en la secuencia es que, en realidad, el profesor que censura a Keating a perdido su capacidad para soñar, su fe en las utopías. 

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-Se arriesga mucho animándoles a que se hagan artistas. Cuando se den cuenta que no son Shakespeare, Rembrandt o Mozart, le odiarán por ello. 

-No quiero artistas, quiero librepensadores,

-¿Librepensadores?

-Tiene gracia no le tenía por un cínico.

-Nada de cínico: realista. “Muéstrame a un corazón que esté libre de necios sueños y te mostraré a un hombre feliz”.

Aunque lo oculte bajo una capa de cortesía, o con una sorda asepsia emocional, en ocasiones aflora el resentimiento inconfesable que guarda dentro. El doctor Brian Geldford da literatura en el grupo de alumnos avanzados en Diarios de la calle.

 -No se desanime, si le echa tiempo en unos años podrá dar clase a los de tercero, son una gozada, para entonces todos sus alumnos se habrán ido. Con el tiempo dejan de venir.(…) La integración es una mentira, pero los profesores no podemos decirlo porque nos echarían.

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[1] El hombre duplicado, José Saramago, p 18, Alfaguara, (edición original, 2002, José Saramago y Editorial Caminho S.A., Lisboa), Madrid.

 

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Dic 29 2008

El profesor/la profesora no convencional. El cliché del “sistema”.

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Ya sabemos que la ficción, las historias que nos cuentan, son encarnadas por personajes individuales. El cine y la novela narran triunfos grandiosos de personajes solitarios. Es el esquema de David contra Goliat, del individuo contra el sistema. El estereotipo de profesor que tiene mayor fuerza mítica, es el del profesor titánico, el salvador   que llega a una escuela y deja su legado mítico, su estela de leyenda. No es un profesor real. Incluso es un profesor cuya perfección puede incomodar a los profesores de carne y hueso porque jamás llegarán a su ejemplaridad de relato arquetípico, ni a su entrega de santidad. Es un arquetipo que parece decirle “aunque tu clase esté llena de pobreza, de violencia, de rencor, si fueras un profesor de verdad estaría en tu mano salvarlos a todos”. 

            El profesor llega a un centro en el que los alumnos no pueden crecer en plenitud sea cual se la causa: racial, de clase, económica, por el peso de la tradición, del prejuicio o por cualquier otra razón. No encontrará en la dirección del centro, o en los organismos educativos ninguna ayuda, porque siguen la inercia de la comodidad  o del ahorro económico. El claustro de profesores tampoco ayudará gran cosa, repleto como esta de profesores indolentes, cínicos, mediocres o resentidos que sirven para realzar al protagonista. Los comienzos serán duros, estará a punto de tirar la toalla, pero justo en ese punto tomará la decisión de continuar su magisterio y convertirlo en el centro de su vida, sacrificando todo lo demás. Se enfrentará al sistema para defender a sus alumnos. Al final siempre hay una escena en cámara lenta, o con la orquesta desatada, en la que los alumnos se inclinan ante el profesor o la profesora no convencional rindiéndole un homenaje colectivo. 

            Para nosotros es una figura calcada del contorno del profeta de las tradiciones judeocristianas. Para Zaplana Marín, se fundamenta en el Western. Aunque los pistoleros solitarios también tienen simbologías cristianas. Por lo tanto, es probable que estemos diciendo cosas parecidas. 

 “Los guionistas de Hollywood perciben que únicamente deben trasladar situaciones y personajes de unos lugares a otros. Es decir, el pistolero errante y “desfacedor de entuertos” se convertirá ahora en un docente incapaz de amilanarse ante las más explosivas situaciones fuera  y dentro del aula”.

             El protagonista está caracterizado con atributos de tanta perfección que incluso en el marco del guión hay que subrayarlo para que no se convierta en una caricatura. En Rebelión en las aulas, la subdirectora Evans le explica a Tackeray porque una alumna se ha enamorado de él:

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   -Está enamorada de usted, no se sorprenda tanto (…) Nosotros, por ejemplo, somos completamente del montón (…) Y de pronto aparece Marck Tackeray: alto, guapo, atractivo, limpio, inteligente, como si acabara de salir de la fábrica. ¿Qué es lo que esperaba? 

 

La presentación del Profesor Finn, en el primer capítulo de la serie televisiva, Jóvenes rebeldes es ya toda una declaración de intenciones. Se mete en el agua y les dice a los alumnos anonadados. 

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“Ya es hora de tirar las convenciones por la ventana”  

             Los trazos de esta figura están muy codificados en el cine estadounidense. No obstante, también en el resto de filmografías los retratos del profesor se polarizan según un modelo en el que el profesor mesiánico se lleva todos los atributos positivos y los negativos se reparten entre el resto del claustro. Como si fueran un coro para el profesor ejemplar, el resto de los profesores parecen  estar puestos para destacarlo, para servirle de contrapunto.

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Dic 29 2008

El profesor: ingenuidad y misoginia

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Mientras el estereotipo de la profesora puede acercarse a la figura negativa de la solterona, el del hombre destila, en ocasiones, cierta misoginia. Las profesoras someten sus pasiones a una contención excesiva. En cambio, los profesores se caracterizan por su ingenuidad amorosa. Algunos profesores, sobre todo en películas clásicas, son caracterizados como inútiles para la vida amorosa, dominados o engañados por mujeres intrigantes. Calzonazos, inválidos fuera del mundo ficticio de los libros.  

Ya hemos visto como el profesor Rath emprende un camino de degradación al quedar seducido por la cantante Lola. El profesor reprende a sus alumnos su superficialidad, los sigue hasta El Ángel Azul, donde él mismo queda prendado de lo que censura a sus alumnos:

 

-¿Qué busca aquí? ¡Confiese!

-Lo mismo que Usted, profesor.

             Sin llegar a semejante dramatismo, el profesor Crocker Harris de La versión Browning, es engañado y vejado por su mujer que no soporta la indolencia del profesor. La película juega con la similitud entre el Agamenón de Eurípides, asesinado por su esposa Clitemnestra, y la relación entre el profesor y su mujer.        esta tierra es mia.jpg             

            Albert Lory, el profesor francés de Esta tierra es mía, es un cobarde que no se atreve a denunciar los excesos nazis en la Francia ocupada, ni a confesarle a Louise Martin el amor que siente por ella. Este personaje refleja una cara reconocible del estereotipo masculino de profesor en las pantallas. Lory, está dominado por una madre castradora -de nuevo la misoginia-, es un adulto infantilizado, acobardado, incapaz de mostrar sus sentimientos. Sólo será capaz de un acto supremo de valentía que le llevará al cadalso -el modelo ejemplar del martirio-. Su reino no es de este mundo. 

No hace falta recurrir al teatro griego o al cine clásico para observar relaciones misóginas semejantes. La película Malicia, retrata al profesor universitario Andy Safian, que dada su ingenuidad es engañado por Tracy, hasta el punto de casarse con él, ejercer de profesora de guardería para construir una coartada socialmente honorable, y enriquecerse a costa del profesor en una compleja, y un tanto ridícula, trama de intriga. El profesor, elegido por su condición de inútil para la vida y ciego al juego de ambiciones y maldades, sirve como elemento de legitimidad social. La madre de Tracy le dice: 

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“Desde luego esa chica encontró a un incauto. Pescó un atún en un barril. Y de los grandes. Eres un estúpido”.

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Dic 29 2008

La profesora. El estigma de la soltería.

La mayoría de las profesoras de ficción son solteras, solteronas, señoritas, separadas o viudas. La realidad es bastante diferente. Las profesoras se casan y tienen hijos como el resto de las mujeres. Incluso algunas pueden llegar a ser felices. El cine refleja el estigma de esa soltería, mujeres frustradas, que han perdido las oportunidades amorosas, cuya profesión se ha impuesto a su vida personal. Es como si el ejercicio de la docencia imprimiese a las profesoras de ficción un temperamento escéptico, un resentimiento crónico, o las condenase a tener que prescindir de una vida razonablemente normal sin frustraciones amorosas melodramáticas. 

 Edna Krabappel, la profesora de Los Simpsons le confiesa a los alumnos:

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 “Unos descubriréis una maravillosa vocación que nunca habíais imaginado, y otros que la vida es injusta y que a pesar de haber hecho un master en Harvard podéis acabar siendo vulgares niñeras a cargo de una panda de gamberros mientras vuestro marido corretea en cueros por la playa con vuestra asesora matrimonial”.   

 

            El estereotipo, con su injusta carga de simplificación, funciona de forma instantánea, nítida. La primera aparición de la Señorita Tingle, a la que la cámara sigue en travelling mientras alumnos y profesores se apartan de su paso, define a un personaje en 10 segundos gracias al recu0072so narrativo del estereotipo. No hacen falta más sutilezas. Estamos ante una profesora que ha fracasado en su vida personal, que se ha eternizado en su papel de señorita, que se ha envilecido y que vuelca su resentimiento contra los demás. 

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 Las profesoras fracasan en su vida personal por distintas razones:

 -Katherine Watson tampoco puede, en La sonrisa de Mona Lisa, establecer una relación ni con su prometido ni con el profesor de italiano que la pretende, porque ninguno está a la altura de sus principios. Es tan ejemplar que es probable que no pueda encontrar ninguna pareja que pueda comparársele. Algo parecido le sucede a Erin Gruwell en Diarios de la calle. Scott le confiesa que no puede sacrificar su vida con alguien tan ejemplar.

 -Miss Brodie malgasta sus “mejores años” en la docencia sin decidirse por su pretendiente honesto o el canalla. Le pierden sus erróneos deseos de ejemplaridad y su falta de decisión.

-Siguiendo las reglas del melodrama, una falsa denuncia de lesbianismo, y las habladurías, desbaratan el compromiso de Karen con su novio en La calumnia. La sospecha de homosexualidad encuentra abono fértil en entornos endogámicos como los internados.

-La profesora de la película coreana Examen final, tiene un hijo deforme -una especie de maldición genética afecta a las profesoras- que provocará el suicidio de su marido. Viuda y con un hijo no deseado, se enfrentará a la venganza de sus antiguos alumnos.

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Dic 28 2008

Estereotipos

 Felicidad Loscertales alerta sobre el peligro de tomar por reales los ejemplos de profesores en la ficción:

“Puede ser que los profesores seamos así, pero también hay que considerar el otro aspecto, la posibilidad de que ,a veces, nos pongan enfrente un espejo distorsionado como los de la barraca de feria… por lo tanto, tengamos cuidado al sacar conclusiones, ya que nos pueden inducir a error o producirnos penas o alegrías innecesarias”. [1]

              En el caso de los estereotipos podemos estar seguros de que responden a leyes dramáticas, más que al deseo de hacer retratos verosímiles. Pretenden crear para el espectador un espacio reconocible, siguen pautas narrativas que funcionan desde los griegos. Los tonos medios, las historias de personajes templados, la felicidad constante, no generan ningún tipo de historia. Por eso los retratos se polarizan hasta llegar al estereotipo, que es maniqueo. Cuenta historias con personajes blancos o negros, buenos o malos. Y esto no pasa, como es obvio, sólo con nuestro gremio. Lo cual no quiere decir que no respondan a intuiciones colectivas o que no sean dignas de ser miradas con atención o contrastadas con la realidad.

 


[1] Felicidad Loscertales, Comunicar, nº12

 

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Dic 28 2008

El rol de profesor

 el angel azul.jpgEl viejo profesor prusiano que protagoniza El ángel azul, 1930, ya no existe. No obstante muchos de los valores asociados al profesor permanecen, aunque atenuados. Lo que ha desaparecido es su estatus social, la reverencia con la que le trataban en aquella vieja película, y que probablemente reflejase la realidad de aquel momento histórico. El profesor Inmanuel Rath debe ser ejemplar, honorable, templado, coherente. Reprende a sus alumnos por frecuentar el cabaret para agasajar a la cantante Lola-Lola . Poco a poco su pasión le hace perder su respetabilidad, el control de la clase, y su empleo. Un travelling de retroceso de Emil Jannings, solo en su aula vacía, marca el comienzo de su exilio social. Tras cinco años de degradación, el antiguo profesor se maquilla como el payaso triste en que se ha convertido. Ese proceso de maquillaje, que Jannings interpreta con intensidad de ausente, representa su conversión en alivio cómico. El profesor Rath se presenta ante la comunidad de la que antes era un miembro respetable como el bufón en el que se ha convertido. Desposeído del status del que antes gozaba, porque perdió los valores que se le suponían a su rol, acaba de forma trágica abandonado por todos. 

 Madadayo.jpgNo en todas las culturas existen valores idénticos. En Madadayo, de Akira Kurosawa, en el desolado Japón de la ocupación aliada, el profesor conserva en medio de la indigencia su dignidad de profesor, antes de acudir a una de las ceremonias madakai con la que sus alumnos le profesan su reconocimiento constante. La disciplina, el respeto a las formas, tienen una presencia llamativa para un occidental de nuestra época. El profesor se esfuerza en conservar elementos simbólicos que le identifican como profesor porque, en caso contrario, sería desposeído de su autoridad y de la dignidad supuestamente asociada al ejercicio de la docencia. Por lo menos así lo ve él.  

rebelion en las aulas.jpgA diferencia de los alumnos japoneses del profesor Hyakken Uchida, de Madadayo, el profesor  Thakeray, el profesor de Rebelión en las aulas, tiene alumnos que han perdido las normas de educación tradicionales. No respetan las normas de cortesía entre géneros tradicional, ni son aseados y correctos en el lenguaje. Se resisten a la institución de la enseñanza. Están bregados en la contracultura escolar. En cambio, el profesor vive en una aseada pobreza. Plancha su traje impoluto, y viste una bata mientras éste se seca. Los alumnos también saben que atentar contra el uniforme es agredir al profesor y despojarle de su rol. 

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 Mr. Holland recoge los diversos estadios históricos con dilatadas elipsis temporales. La película comienza en 1964 tras el asesinato de John Fitzerald Kennedy. Al instituto le ponen ese nombre en conmemoración del presidente. Las relaciones con los alumnos son distantes. La autoridad recae en el profesor, que viste de impecable traje y corbata. Tras una elipsis que recoge momentos de archivo de la guerra del Vietnam, Nixongate, Kennedy, la música disco, el rock o a  Reagan, nos colocamos en el curso del 1980. La situación ha cambiado radicalmente. El profesor se somete a una reducción presupuestaria de las asignaturas no productivas, la eliminación de aquello que no reporte dinero. La indumentaria se ha modificado sustancialmente. Ahora viste como un profesor progre, avejentado.

             El profesor universitario y escritor José Manuel Esteve compara a los profesores actuales con Segismundo, el protagonista de La vida es sueño, de Calderón de la Barca. Escenifica de esta forma el cambio de decorado que ha sufrido la enseñanza.

  “Poco importa si el papel que interpretan ha perdido valor, si ya no consiguen arrobar al público con la tragedia de la irrealidad que confunde a Segismundo. Ellos están ahí para recitar. Les pagan por eso y, por tanto, continúan su recitado, aparentemente inmunes al ridículo (…) Tenemos que  redefinir junto a nuestra sociedad el papel que estamos representando. No tiene sentido que el sistema de enseñaza continúe el absurdo de mantener en una enseñanza masificada los objetivos de un sistema diseñado para una enseñanza de elite”. 

            escuela de rebeldes.jpgEse cambio de escenario, del que habla Esteve es una constante en muchas películas del género. La película Escuela de jóvenes rebeldes, comienza describiendo un instituto, el Instituto Paterson, en el que se empiezan a aprobar los recortes presupuestarios de la educación a finales de los sesenta. 20 años después la situación  se vuelve insostenible. Drogas, pintadas, deterioro, violencia, etc.

 La sinopsis de The Faculty describe ese cliché con el que se representa a la educación pública en la Norteamérica más o menos actual.

“Como muchas escuelas de hoy en día, en Harrington High han pasado los buenos tiempos. Sus paredes están mugrientas, sus libros de texto son obsoletos y sus profesores están quemados. No hay dinero para salidas, para ordenadores nuevos o para el departamento musical”.  


[1] José Manuel Esteve, El malestar docente, Cuadernos de pedagogía, editorial Laia, Barcelona, 1987.

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