“He venido a buscar a mi hijo tiene que venir conmigo, es mío”.
La escuela no ha sido siempre obligatoria. Ni la sociedad ha podido decidir siempre qué es lo mejor para los niños. Esto podemos constatarlo en las memorias del linguísta y escritor Gavino Leda, cuya infancia llevaron al cine los hermanos Taviani en Padre, padrone.El personaje interpretado por Omero Antoniutti, da vida a un pastor que no acepta la tutela del estado sobre su hijo en lo que respecta a la educación.
En la actualidad hay otro debate tangente al anterior: ¿Tenemos derecho a educar a los niños en casa, sin la titula del estado?
El aprendizaje informal está dibujado con cualidades atractivas: se desarrolla en la vida cotidiana, no requiere esfuerzo, responde a los intereses directos de los alumnos, es seductor, se refuerza por el interés de los pares, de los iguales y no está dificultado por burocracias ni ejecutado por profesionales oficiales.
En cambio, el aprendizaje formal es lo contrario: clases, horarios, esfuerzo…y ¡profesores!
Estudie usted sin clase, sin horarios, sin profesores. Todo cuando usted quiera, con la tecnología punta y sin esfuerzo. El increíble mundo de las academias, de los cursos, de los cursillos, de los cursitos.
La película de Tod Browning, Freaks, de 1932, es en buena parte culpable del cliché narrativo de la revancha de los impopulares que predomina en la ficción para adolescentes y de la popularización del término friki.
Algunas campañas de la multinacional americana ofrecen una visión negativa de los padres. Son padres que no conceden descanso a los hijos, los atosigan con reglas, con actividades extraescolares y sólo se oyen a sí mismos. "Acaso nacimos con cubiertos en las manos". Por eso, los establecimientos de la cadena ofrecen un espacio de "libertad", dónde el niño podrá ser el protagonista -"Aquí tú eres el King"- y no el objeto de las frustraciones de los padres.
Los que hemos crecido viendo en un televisor en blanco y negro de dos canales una serie como La casa de la pradera podemos sentir algo parecido al vértigo al compararla con el mundo actual.
Los fenómenos psicológicos de “identificación” y “proyección” hacen el resto. El paria se identifica con el héroe y proyecta sus cualidades y sus vivencias en una trama en la que el oprimido se convierte en héroe, el patito feo en cisne. La hormiga laboriosa es cosa del pasado. Ahora, la cigarra reina.
"Si de verdad le preocupa la educación, eche un vistazo a este instituto: en el aula 218 tenemos un profesor de anatomía que vive con su madre y nunca ha visto un cuerpo desnudo, incluido el suyo; en el aula 224 tenemos a un profesor de geografía universal que en su vida ha puesto los píes fuera de esta ciudad".
No sólo las series americanas se nutren de violencia. Los grandes pintores, escultores, escritores de todas las épocas han utilizado la violencia. El marketing de la violencia ha pretendido siempre atraer fieles a las iglesias, espectadores a la platea, teleadictos a las pantallas.
Los invisibles
Una vez me pasé un día entero en el instituto sin que una sóla persona me mirase o hablase. Y me di cuenta de que era el mejor día que había tenido en mucho tiempo. El día en que nadie se fijó en mí. El día en que dejé de existir. Síndrome de invisibilidad