Sep 08 2008
Corresponsabilidad educativa
La campaña publicitaria de la FAD (Fundación de Ayuda contra la Drogadicción) de Enero de 2003, “Todos somos responsables“, programaba en las televisiones una cuña en la que un sacerdote que oficiaba un bautizo llamaba a los responsables de la educación.
“Por favor, que se acerquen los padres y los padrinos, sus profesores de primaria y secundaria, sus mejores amigos, el cantante de su banda favorita, los creadores de videojuegos, los creativos de publicidad, los programadores de televisión y portales de internet, los editores de revistas juveniles…”
En las marquesinas de autobuses se colocaron anuncios como éste, haciendo una llamada cívica a la corresponsabilidad educativa. Ninguna campaña tiene la capacidad de cambiar la realidad, y la realidad de muchas empresas destinadas al público juvenil tiene más que ver, en nuestra cultura, con la maximización de beneficios que con la educación social.
El éxito de esta campaña fue notable dentro de los profesores. Pero no caló en el resto de los colectivos a los que iba dirigido. Ganó a un sector que ya estaba ganado de antemano. Los profesores hace tiempo que son conscientes de lo que dice Inger Enkvist en Repensar la educación:
“Hay un dicho entre varios pueblos africanos que reza así: ‘Se necesita toda una aldea para educar a un niño’”.

El reciente libro de David Rabada, ¿Educar? Educamos todos, es un ejemplo claro de esta tendencia. Los profesores piden ayuda al resto de la sociedad porque tienen la sensación de que, globalmente, muchos sectores se desentienden de la educación, cuando no la entorpecen.
La teoría tan extendida de creer que invirtiendo en educación, a largo plazo, se solucionarán los problemas de la sociedad en su conjunto no está totalmente comprobada. Quizás sea al revés: invirtiendo en la sociedad se pueden arreglar los problemas del sistema educativo. Si la escuela se convierte en el reducto de los valores o las causas loables mientras el resto de los agentes sociales (familia, medios de comunicación, artistas, grupos de pares) están a otra cosa, los valores se guetizan, los jóvenes detentan la contradicción como un argumento para no tenerlos en cuenta.
Es probable que se tenga que incrementar la sensación global de crisis para que se adopten políticas de corresponsabilidad educativa. Algunas medidas recientes destinadas a mejorar nuestro sistema educativo van dirigidas en ese sentido. La implantación en 20 centros de la red pública vasca de “comunidades de aprendizaje” recupera ese espíritu. Las palabras del consejero son aún más explicitas:
“Las escuelas están desbordadas, se enfrentan a demasiados restos y solas no podrán solucionarlos”[1]
[1] DIARIO VASCO, 19/2/2008



La hormiga laboriosa es cosa del pasado. Ahora, la cigarra reina. 