Dic 24 2008

La vocación. Matriz religiosa.

A juicio de Georges Gusdorf, la enseñanza “aún laicizada, conserva todavía rasgos del sacerdocio. El maestro, como servidor de la vida del espíritu, se sabe y se quiere diferente de todos los que, en la ciudad, persiguen únicamente intereses de dinero o ventajas personales”. Continúa con una afirmación que probablemente fuese más real cuando se escribió que en la actualidad: “Sus conciudadanos, por otra parte, le reconocen de buen grado las obligaciones y prerrogativas de una especie de clerecia”.

 

Aún en tono de comedia, El profesor interpretado por Cantinflas en El profe, mantiene diálogos que transmiten esta idea:

el profesor.jpg-¿Sigue usted siendo soltero Sócrates? (…) No olvide que usted dice que la enseñanza es un sacerdocio.

-Lo digo y lo sostengo. Por eso acepto, porque para comodidades hubiera yo estudiado para manicurista y nunca hubiera yo salido de la zona rosa.

La profesión docente reflejada en el cine impone fábulas de renuncia del profesor a la vida personal, de renuncia de sí. Son fábulas de entrega total. No en vano la docencia ha estado históricamente muy ligada al hecho religioso. La película, Arriba Azaña, representa el paso de un régimen autoritario y religioso a uno democrático. El director del colegio recrimina a los alumnos los sabotajes contra el empollón de la clase.arriba azana.jpg

 

¿Qué quieren de nosotros? Nosotros, que dedicamos el alma y la vida a la enseñanza, para que el día de mañana seáis hombres y caballeros cristianos.

Aun convertida al laicismo, la educación conserva algunas características del modelo religioso. Muchos profesores ejemplares de la pantalla son un ejemplo de sacrificio y entrega cercano al martirio. Algunos de ellos sacrifican su familia, sus ambiciones, su posición económica y, en ocasiones, la propia vida, como Don Gregorio en La lengua de las mariposas, o como Albert Lory en Esta tierra es mía. Por oposición, los peores profesores en las historias de ficción son aquellos que no tienen una dedicación absoluta a su profesión, aquellos que cumplen su función de forma rutinaria. Su mayor preocupación, su única dedicación debe ser la docencia. El profesor autoritario de Hets es recriminado por el vocacional en los siguientes términos:

 

hets.jpgNuestra profesión es una vocación. Significa sentir una llamada, algo que viene de manera natural. Pero es absurdo que se llame usted mismo profesor simplemente por tener una titulación académica (…) Un profesor debe preocuparse por sus chicos. Si no lo hace, ¿de qué se preocupa en la vida?

 

Los modelos que parecen estar latiendo debajo de algunos profesores ejemplares tienen mucho que ver con las figuras religiosas del mesías, o el profeta.

socrates keating.jpg

John Keating llega, habla a los discípulos, deja su mensaje y es expulsado por los poderosos. Igual que Sócrates, quien es considerado el primer profesor moderno, Keating se presenta como un profesor que se niega a sí mismo. No enseña sino que saca lo mejor de los alumnos, les hace buscar su propio camino. Les guía.

Rebelarse contra el poder, liberar a la juventud de las ideas preconcebidas, luchar contra la tradición mal entendida, esas son funciones del profesor carismático, aunque para ello tenga que ser sacrificado o emprender el camino del exilio como la profesora Katherine Watson de La sonrisa de Mona Lisa.

Betty, la alumna que narra en flash back la historia de la profesora ejemplar, dice en off:

“Mi profesora, Katherine Watson, vivía según sus propias convicciones y no pensaba renunciar a ellas. Vivió ejemplarmente e hizo que todas viésemos el mundo a través de otros ojos. Para cuando leáis esto ella estará viajando hacia Europa donde sé que encontrará nuevos muros que derribar y nuevas ideas con que sustituirlos (…) los que buscan la verdad mas allá de la tradición, mas allá de la definición, mas allá de la imagen. Jamás lo olvidaré.”

En un mundo laico como el de las sociedades occidentales, el peso de semejante responsabilidad no encaja en los hombros de profesores de carne y hueso, mortales y quizá no tan carismáticos.

Lino, el personaje del Peanuts de Schultz, habla de esa sagrada vocación docente, aireando en su emotivo discurso la excesiva trascendencia que la envuelve.

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