Para los que piensan que la violencia es un alimento degenerado de una civilización decadente –que puede que también- conviene recordar cuál es el repertorio dramático de la religión cristiana. No sólo las series americanas se nutren de violencia. Los grandes pintores, escultores, escritores de todas las épocas han utilizado la violencia. El marketing de la violencia ha pretendido siempre atraer fieles a las iglesias, espectadores a la platea, teleadictos a las pantallas. No es nuevo. William Shakespeare, Caravaggio, Bernini o Tarantino. Pueden perdonar la irreverencia, pero Tarantino no es más degenerado, por usar la violencia sin el contexto legitimador de la épica, mitología o la religión, que Caravaggio. Cuando abramos un debate sobre la violencia de nuestras pantallas, deberíamos abrirlo también sobre la violencia de nuestras catedrales. Puede que esta última sea responsable de más de una guerra santa.
Steve Jobs, el gurú de Apple, no parece muy interesado en el negocio de los libros porque los libros no son un negocio. A mí me parece natural que los adolescentes, los alumnos, nuestros hijos, no salgan del vórtice del mundo de hoy para meterse en una burbuja temporal a practicar ese ejercicio llamado lectura. Cuando decimos que nuestros jóvenes no leen decimos que no leen lo que leíamos nosotros. Leen mucho, de manera rápida, fugaz, por el mero placer de la comunicación directa o de la información concisa. No leen filosofía, no se quedan tardes enteras hibernando en largas y profundas lecturas. No reflexionan hondo, no hacen aquello que nosotros considerábamos trascendente. Puede que con una lectura lenta pierdan el pulso frenético del mundo, que gira en su ausencia. No quieren perderse nada. El mundo se ha acelerado y ellos siguen danzando a una velocidad que nuestros reflejos más pesimistas piensan que es caos.
Personalmente, me niego a considerar que todo lo que desaparece es pérdida o a adoptar el gesto del abuelo descontento con el presente, atónito, abandonado en un escenario que le intimida. Creo que es un mundo de grandes oportunidades. Se ha impuesto la primacía de la imagen. Todos son productores, artistas o escritores. Y la comunicación es bidireccional. O, al menos, más bidireccional que nunca. Nuestros jóvenes no admitirían la figura del intelectual divino que nutre a las masas, a no ser que fuese Steve Jobs con un nuevo gadjet.
Para los Ronaldos la escuela no era suficiente, ellos “querían más”. Fito no aprendió nada en la escuela. Todo lo que sabe, se lo enseñó “una bruja”. Le interesan las “cosas de la piel”, lo imperfecto o lo subjetivo. En su universo sólo hay espacio para la escuela de la vida. El grupo juvenil Sonblue convierte la clase de “Sueños de ayer”en una discoteca para adolescentes cuando el profesor la abandona. Lara, deja a un lado la rigidez y la perfección de su profesora de música y canta en el garaje que quiere “ser mayor” y vivir su propio error.
La ópera rock, 1979, del grupo Pink Floyd generó una película del mismo nombre, The wall, 1982, dirigida por Alan Parker. La película es demoledora con la educación, con los profesores y con todo lo que no sea la libertad y pureza individual que proclama el grupo. Los músicos tienden a fomentar la rebelión, rebelión contra el poder, contra lo aburrido, contra lo rentable, aunque carecen de un plan para “el día después”. ¿Si todos nos convertimos en poetas consagrados a nuestras propias reglas, quién sería el fontanero o controlador aéreo que mantuviese el orden de nuestras necesidades no creativas? El caso es que la película muestra a niños automatizados, enmascarados, convertidos en zombies, que son llevados por una inmensa máquina de producción en cadena, que sería la escuela, a un precipicio donde son convertidos en carne picada.
“Es interesante que este psicólogo -Overstreet- señale a los medios de comunicación -tan influyentes- como ámbitos que se nutren de la inmadurez de los ciudadanos: los periódicos, la radio, el cine y la publicidad. Según él, los periódicos viven de las catástrofes; la radio, de la mediocridad; el cine, de las emociones inmaduras; y la publicidad de deseos irreales ¿Qué ofrecen los medios de comunicación a las personas maduras?”.
Algunas compañías conscientes de la mala imagen general del videojuego abren secciones dedicadas a la educación. Electronic arts crea una web para acercar a los padres y escuela al mundo de los videojuego. Su primera unidad didáctica es a través del juego FIFA. Nintendo ha comprendido que el público adulto es un potencial cliente de videojuegos y ha abierto sus consolas a juegos de entrenamiento mental, aprendizaje de inglés o a gadjets de gimnasia de mantenimiento. De esta forma, deja de ser cosa de niños ociosos para multiplicar el número de usuarios potenciales. Por otra parte, los juegos sociales, en los que se participa en grupo (karaoke, carreras, concursos, etc) permiten materializar el ideal de una familia jugando unida.
El 27 de Octubre del 2006 los distribuidores de Take2Game, tenían previsto el lanzamiento de un videojuego para Play Station que tenía el provocador nombre de Bully. Un joven de unos 15 años Jimmy Hopkins es aparcado por unos padres irresponsables en la Academia Bullworth. Aunque se vende con la apariencia de mundo abierto, en la academia, los comportamientos violentos, el absentismo escolar o la lucha contra profesores y abusones, son una constante. El revuelo provocado en los medios de comunicación provoca el apresurado cambio de título. A comienzos de 2008 el videojuego vuelve a estar a la venta en todos los comercios con el nombre original y con un añadido. Bully, edición escolar.
Lo cierto es que el cine ya ha construido estereotipos que se han consolidado como contracultura escolar. La ficción audiovisual es más fotogénica en movimiento, conquistando la acción, el espacio. La pasividad visual que emana de la lectura de un libro no puede concitar grandes pasiones. Es frecuente que el lector de libros no sea un personaje feliz, que su pasión por la lectura tenga contraindicaciones. Un exceso de percepción, un phatos trágico.
“Hoy no se aprende mediante largos discursos sino por instantáneas que el cerebro se encargará de asociar. El saber -debe saberse- ha dejado de basarse en un ejercicio esforzado o premioso para nutrirse de partículas cazadas a gran velocidad, sea en el viaje lejano o en los panoramas de las ciudades, las pantallas de los grandes edificios, los Xbox 360. Ser sabio equivale hoy a contar con un amplio punto de vista a partir del cual se dirime y se elige el bien sobre un plano, fotografiándolo”.
Vicente Verdú, Tu y yo, objetos de lujo, Editorial Debate, Madrid, 2006.
“En las sociedades urbanas avanzadas existen cuatro agentes básicos: la familia, el centro de enseñanza, el grupo de pares y los medios de comunicación de masas”
Musgrave, P.W. (1983), Sociología de la educación. Herder, Barcelona, 1983.
“Un hecho esclarecedor, como es el que los propios jóvenes atribuyen a estos medios una importancia en su socialización superior incluso, a la de las instituciones que, como los centros educativos, han tenido tradicionalmente un papel central en los procesos socializadores”.
VVAA, Los jóvenes y la publicidad, Injuve, Madrid, 2004.
La película de Tod Browning, Freaks, de 1932, es en buena parte culpable del cliché narrativo de la revancha de los impopulares que predomina en la ficción para adolescentes y de la popularización del término friki.
Algunas campañas de la multinacional americana ofrecen una visión negativa de los padres. Son padres que no conceden descanso a los hijos, los atosigan con reglas, con actividades extraescolares y sólo se oyen a sí mismos. "Acaso nacimos con cubiertos en las manos". Por eso, los establecimientos de la cadena ofrecen un espacio de "libertad", dónde el niño podrá ser el protagonista -"Aquí tú eres el King"- y no el objeto de las frustraciones de los padres.
Los que hemos crecido viendo en un televisor en blanco y negro de dos canales una serie como La casa de la pradera podemos sentir algo parecido al vértigo al compararla con el mundo actual.
Los fenómenos psicológicos de “identificación” y “proyección” hacen el resto. El paria se identifica con el héroe y proyecta sus cualidades y sus vivencias en una trama en la que el oprimido se convierte en héroe, el patito feo en cisne. La hormiga laboriosa es cosa del pasado. Ahora, la cigarra reina.
"Si de verdad le preocupa la educación, eche un vistazo a este instituto: en el aula 218 tenemos un profesor de anatomía que vive con su madre y nunca ha visto un cuerpo desnudo, incluido el suyo; en el aula 224 tenemos a un profesor de geografía universal que en su vida ha puesto los píes fuera de esta ciudad".
No sólo las series americanas se nutren de violencia. Los grandes pintores, escultores, escritores de todas las épocas han utilizado la violencia. El marketing de la violencia ha pretendido siempre atraer fieles a las iglesias, espectadores a la platea, teleadictos a las pantallas.
Los invisibles
Una vez me pasé un día entero en el instituto sin que una sóla persona me mirase o hablase. Y me di cuenta de que era el mejor día que había tenido en mucho tiempo. El día en que nadie se fijó en mí. El día en que dejé de existir. Síndrome de invisibilidad