Abr 07 2009

Adolescencia en prisión

Todas las escuelas están habilitadas con rejas que son la alegoría de la imposición de la que hablábamos. Sirven para delimitar el espacio, para proteger el recinto del exterior, pero sobre todo, para proteger al exterior de los alumnos, cuyo espacio y tiempo queda limitado para permitir la vida en el exterior: los adultos trabajan, el comercio y el tráfico se intensifican, la sociedad produce libre de las obstrucciones de los niños y jóvenes.

Ver  La metáfora de la cárcel

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Oct 05 2008

El edificio escolar

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George Gusdorf aboga por el lujo, en las universidades y también en las escuelas primarias e institutos. Censura que sean “habitaciones baratas” y habla de la necesidad del lujo en las instituciones.

“Sólo que ese lujo no es despilfarro (…) es un lujo, no ya individual sino comunitario (…) El marco de la vida tiene también un valor pedagógico; un marco mediocre contribuye con todo el peso de su inercia al rebajamiento general de los espíritus”.[1]

Vitorino Andreoli escribe en Carta a un profesor:

“Al imaginar la escuela como mi interlocutor, veía ante mis ojos los edificios escolares: ruinosos sin el más mínimo atractivo, en una época en que las viviendas son estudiadas en la forma de las arquitecturas y el diseño de vanguardia”.

Inger Enkvist, asegura en Repensar la educación que “el edificio escolar es una imagen visual del plan de estudio (…). Muchos colegios ofrecen una imagen degradada. Las pintadas que cubren los muros trasmiten la idea de una sociedad que ha perdido el control“. Esa ausencia de control, puede verse en las películas de alumnos conflictivos. Escenarios llenos de pintadas, detectores de metales, etc. El caso más extremo es curso de 1999, que narra un hipotético futuro donde es evidente que la sociedad ha perdido el control y el instituto en una cárcel.


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Pero no hace falta ir tan lejos. El ejemplar profesor de Hoy empieza todo se enfrenta al destrozo que han provocados los propios alumnos en el colegio público en el que da clases. Los alumnos no respetan su mobiliario. Aunque esta máxima cultural no parece universal. Hay culturas en las que sí lo respetan, en las que no parece existir contracultura escolar. El periodista Carlos Manuel Sanchez describe un instituto -real- finlandés. “En la entrada no se ve a decenas de estudiantes apurando el primer pitillo de la mañana, como en los institutos españoles. Ni una colilla ni una hoja ni pintada (…) En el interior, la limpieza resalta más. No hay garabatos en los pupitres ni en los aseos”. Cabe conjeturar que el deterioro de los colegios públicos no es universal, el deterioro no se relaciona tanto de una característica de la adolescencia como de la cultura asociada a cada país.


[1]Georges Gusdorf, ¿Para qué los profesores?

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