Ene 31 2010
May 01 2009
Un día en el colegio…¡Es un muermo total!
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Para los Ronaldos la escuela no era suficiente, ellos “querían más”. Fito no aprendió nada en la escuela. Todo lo que sabe, se lo enseñó “una bruja”. Le interesan las “cosas de la piel”, lo imperfecto o lo subjetivo. En su universo sólo hay espacio para la escuela de la vida. El grupo juvenil Sonblue convierte la clase de “Sueños de ayer”en una discoteca para adolescentes cuando el profesor la abandona. Lara, deja a un lado la rigidez y la perfección de su profesora de música y canta en el garaje que quiere “ser mayor” y vivir su propio error.
Abr 29 2009
¡No necesitamos educación!
La ópera rock, 1979, del grupo Pink Floyd generó una película del mismo nombre, The wall, 1982, dirigida por Alan Parker. La película es demoledora con la educación, con los profesores y con todo lo que no sea la libertad y pureza individual que proclama el grupo. Los músicos tienden a fomentar la rebelión, rebelión contra el poder, contra lo aburrido, contra lo rentable, aunque carecen de un plan para “el día después”. ¿Si todos nos convertimos en poetas consagrados a nuestras propias reglas, quién sería el fontanero o controlador aéreo que mantuviese el orden de nuestras necesidades no creativas? El caso es que la película muestra a niños automatizados, enmascarados, convertidos en zombies, que son llevados por una inmensa máquina de producción en cadena, que sería la escuela, a un precipicio donde son convertidos en carne picada.
Abr 18 2009
Leo libros. ¿Qué me pasa, doctor?
Lo cierto es que el cine ya ha construido estereotipos que se han consolidado como contracultura escolar. La ficción audiovisual es más fotogénica en movimiento, conquistando la acción, el espacio. La pasividad visual que emana de la lectura de un libro no puede concitar grandes pasiones. Es frecuente que el lector de libros no sea un personaje feliz, que su pasión por la lectura tenga contraindicaciones. Un exceso de percepción, un phatos trágico.
Jul 24 2008
Escuela obligatoria
El carácter dramático de una profesión determina la orientación de la película. El sistema educativo tiene cualidades para resultar una institución muy poco fotogénica. Las funciones de guardia y custodia, la selección de los mejores, los exámenes, el estudio, o la disciplina tienen escaso poder persuasivo. La escuela se impone legalmente y la narración se impone por seducción. Por eso, es frecuente que una gran parte de las películas que tratan el mundo educativo lo hagan desde visiones conflictivas o narren épicas de liberación contra “el sistema”, o de reivindicación de las cualidades individuales. No siempre es así, pero la búsqueda de la libertad y de la individualidad es uno de los recursos más eficaces que tiene la ficción cinematográfica. Las películas buscan en los mecanismos psicológicos de identificación y proyección, la activación emocional del espectador y su conversión en protagonista vicarial de la ficción.
La desconfianza de los jóvenes hacia instituciones como la escuela y su mirada cargada de sospecha hacia los valores del sistema formal, tiene relación con este pecado original de la imposición. Después de todo, la obligatoriedad del sistema educativo es una realidad relativamente reciente. Hasta bien entrado el siglo XX la universalidad y la obligatoriedad de la enseñanza no se han impuesto en nuestra sociedad.

Un buen ejemplo de esta negativa a aceptar la oligatoriedad podemos constatarlo en las memorias del linguísta y escritor Gavino Leda, cuya infancia llevaron al cine los hermanos Taviani en Padre, padrone. El personaje interpretado por Omero Antoniutti, da vida a un pastor que no acepta la tutela del estado sobre su hijo en lo que respecta a la educación, representa en Padre Padrone los coletazos de una vida salvaje, autárquica, en decadencia en el mundo moderno.
“He venido a buscar a mi hijo tiene que venir conmigo, es mío”.
En la actualidad, no todos los padres aceptan la tutela estatal. Aunque por razones opuestas a las de Padre Padrone. Recientemente, El Diario Vasco recogía titulares como el siguiente: «¿Es un delito querer educar a tus hijos?. Un artículo sobre la misma familia (1) en El País se tituló “Aprender sin ir a la escuela”. (2)
Juan Vaello Orts escribe lo siguiente: “La obligatoriedad genera reacciones en contra. A diferencia de otros ámbitos, en la escuela obligatoria no surgen los conflictos durante el proceso –que también-, sino que se parte de una situación conflictiva de partida, provocada por la obligatoriedad.” (3)
Las fábulas para el público infantil tienden, con frecuencia, a reforzar esa reacción contra la obligatoriedad, en lugar de situarla en un contexto de necesidad social. La película La brújula dorada es una reacción contra una institución que, aunque representa con toda seguridad a la Iglesia, recibe el significativo nombre de Magisterio. Dos diálogos extraídos de la película reflejan con claridad la lírica antiautoritaria de este tipo de fábulas.
-Son mundos de infinitas posibilidades (…) En alguno de ellos no hay ni siquiera ningún Magisterio, ni ninguna Autoridad.
-Eso es una herejía.
-Eso es la verdad.
(…)
-Pero, ¿para qué sirve el magisterio?
-Verás, el magisterio es lo que el mundo necesita. Hace que todo funcione diciendo lo que se debe hacer.
Los niños son raptados y llevados a unas pulcras aulas donde se les somete a un proceso quirúrgico de separación de su alma, el dimon, para que sigan sumisos y receptivos a la autoridad. Lo obligatorio es siempre negativo en las ficciones destinadas a niños y adolescentes porque eso halaga sus deseos de liberación.
(1)Cuyo blog se puede consultar en www.educarencasa.org, y que forma parte del movimiento Home-School.
(2)El País, 10-02-2008.
(3)Juan Vaello Orts, Cómo dar clase a los que no quieren, Santilla educación SL, Madrid, 2007.




La hormiga laboriosa es cosa del pasado. Ahora, la cigarra reina. 