Dic 29 2008

Fracasado y acomodado

Para que el profesor ejemplar del apartado anterior brille con más fuerza, la ficción ha construido todo un repertorio de profesores no ejemplares. El primero de ellos es el fracasado. Hay toda una escala dramática del fracaso. El primer tipo sería el profesor acomodado.

El profesor acomodado ha fracasado porque ha echado la toalla como profesor. No es ni malo ni bueno. Es un profesor funcionario. Sirve para resaltar la entrega sin recelos del protagonista. El acomodado evita las discusiones, las aventuras, ha encontrado un grupo de alumnos que no tiene problemas de disciplina, da las clases sin arriesgar, ha sorteado los peligros, no se hace notar y es dócil con el poder. No intenta salvar a ningún alumno ni se levanta ante las injusticias. Este estereotipo representa a un profesor sin vocación, que trabaja por el sueldo, añorando débilmente otro futuro mejor, pero sin el coraje para conquistarlo.

El premio nobel de literatura como Saramago describe en El hombre duplicado a un anodino profesor de secundaria, poseído por su trabajo, soñando con un futuro más halagueño:

“Algo tienes, una carrera, una trabajo, a primera vista no se ven motivos de queja, Son la carrera y el trabajo los que me tienen a mí, no yo a ellos, De ese mal, suponiendo que realmente lo sea, todos nos quejamos, también a mí me gustaría que me conociesen como un genio de las matemáticas en lugar del mediocre y resignado profesor de enseñanza secundaria que no tengo más remedio que seguir siendo, No me gusto, probablemente ése es el problema” 

El profesor George McAllister, conversa con Keating sobre los métodos creativos de enseñanza que emplea éste último. Lo que subyace en la secuencia es que, en realidad, el profesor que censura a Keating a perdido su capacidad para soñar, su fe en las utopías. 

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-Se arriesga mucho animándoles a que se hagan artistas. Cuando se den cuenta que no son Shakespeare, Rembrandt o Mozart, le odiarán por ello. 

-No quiero artistas, quiero librepensadores,

-¿Librepensadores?

-Tiene gracia no le tenía por un cínico.

-Nada de cínico: realista. “Muéstrame a un corazón que esté libre de necios sueños y te mostraré a un hombre feliz”.

Aunque lo oculte bajo una capa de cortesía, o con una sorda asepsia emocional, en ocasiones aflora el resentimiento inconfesable que guarda dentro. El doctor Brian Geldford da literatura en el grupo de alumnos avanzados en Diarios de la calle.

 -No se desanime, si le echa tiempo en unos años podrá dar clase a los de tercero, son una gozada, para entonces todos sus alumnos se habrán ido. Con el tiempo dejan de venir.(…) La integración es una mentira, pero los profesores no podemos decirlo porque nos echarían.

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[1] El hombre duplicado, José Saramago, p 18, Alfaguara, (edición original, 2002, José Saramago y Editorial Caminho S.A., Lisboa), Madrid.

 

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Dic 29 2008

El profesor/la profesora no convencional. El cliché del “sistema”.

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Ya sabemos que la ficción, las historias que nos cuentan, son encarnadas por personajes individuales. El cine y la novela narran triunfos grandiosos de personajes solitarios. Es el esquema de David contra Goliat, del individuo contra el sistema. El estereotipo de profesor que tiene mayor fuerza mítica, es el del profesor titánico, el salvador   que llega a una escuela y deja su legado mítico, su estela de leyenda. No es un profesor real. Incluso es un profesor cuya perfección puede incomodar a los profesores de carne y hueso porque jamás llegarán a su ejemplaridad de relato arquetípico, ni a su entrega de santidad. Es un arquetipo que parece decirle “aunque tu clase esté llena de pobreza, de violencia, de rencor, si fueras un profesor de verdad estaría en tu mano salvarlos a todos”. 

            El profesor llega a un centro en el que los alumnos no pueden crecer en plenitud sea cual se la causa: racial, de clase, económica, por el peso de la tradición, del prejuicio o por cualquier otra razón. No encontrará en la dirección del centro, o en los organismos educativos ninguna ayuda, porque siguen la inercia de la comodidad  o del ahorro económico. El claustro de profesores tampoco ayudará gran cosa, repleto como esta de profesores indolentes, cínicos, mediocres o resentidos que sirven para realzar al protagonista. Los comienzos serán duros, estará a punto de tirar la toalla, pero justo en ese punto tomará la decisión de continuar su magisterio y convertirlo en el centro de su vida, sacrificando todo lo demás. Se enfrentará al sistema para defender a sus alumnos. Al final siempre hay una escena en cámara lenta, o con la orquesta desatada, en la que los alumnos se inclinan ante el profesor o la profesora no convencional rindiéndole un homenaje colectivo. 

            Para nosotros es una figura calcada del contorno del profeta de las tradiciones judeocristianas. Para Zaplana Marín, se fundamenta en el Western. Aunque los pistoleros solitarios también tienen simbologías cristianas. Por lo tanto, es probable que estemos diciendo cosas parecidas. 

 “Los guionistas de Hollywood perciben que únicamente deben trasladar situaciones y personajes de unos lugares a otros. Es decir, el pistolero errante y “desfacedor de entuertos” se convertirá ahora en un docente incapaz de amilanarse ante las más explosivas situaciones fuera  y dentro del aula”.

             El protagonista está caracterizado con atributos de tanta perfección que incluso en el marco del guión hay que subrayarlo para que no se convierta en una caricatura. En Rebelión en las aulas, la subdirectora Evans le explica a Tackeray porque una alumna se ha enamorado de él:

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   -Está enamorada de usted, no se sorprenda tanto (…) Nosotros, por ejemplo, somos completamente del montón (…) Y de pronto aparece Marck Tackeray: alto, guapo, atractivo, limpio, inteligente, como si acabara de salir de la fábrica. ¿Qué es lo que esperaba? 

 

La presentación del Profesor Finn, en el primer capítulo de la serie televisiva, Jóvenes rebeldes es ya toda una declaración de intenciones. Se mete en el agua y les dice a los alumnos anonadados. 

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“Ya es hora de tirar las convenciones por la ventana”  

             Los trazos de esta figura están muy codificados en el cine estadounidense. No obstante, también en el resto de filmografías los retratos del profesor se polarizan según un modelo en el que el profesor mesiánico se lleva todos los atributos positivos y los negativos se reparten entre el resto del claustro. Como si fueran un coro para el profesor ejemplar, el resto de los profesores parecen  estar puestos para destacarlo, para servirle de contrapunto.

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Dic 24 2008

Salir a la calle

to sir with love.jpgEstá en la retina de todos los espectadores la secuencia de liberación. Sacarlos a la calle. Es un movimiento presente en la mayor parte de las películas de ambiente escolar. Aunque es presentada como un premio, tiene más que ver con abrir la escuela a la realidad, con huir de la claustrofobia fílmica y convertir la enseñanza en contacto directo con la vida, con su realidad y con su presente.

Ante el pasmo del resto de los profesores, de los viandantes y de los propios alumnos, el profesor Tackeray los saca al exterior: “bajemos a la calle y veamos qué podemos ofrecerles”. El profesor baja a la calle a contrastar sus enseñanzas con la realidad. En caso contrario, la ficción no está dispuesta a admitir triunfos que no se constaten con la admiración pública.

el club de los poetas.jpgIgual de pasmados quedan los alumnos del profesor Keating cuando este les conmina a salir el primer día de clase con un escueto “¡Vengan! Después les instruirá con el popular “carpe diem” respecto a la necesidad de vivir el presente, ante las fotografías de antiguos alumnos y profesores ya fallecidos. En las antípodas de los valores de la Academia Welton, “tradición, honor, disciplina, grandeza”, el profesor inspira a sus alumnos con valores presentistas haciéndoles recitar el verso de Withman:

“Coged las rosas mientras podáis, veloz el tiempo vuela, la misma rosa que hoy admiráis mañana estará muerta”.

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Dic 20 2008

El traidor

El traidor ha quedado encerrado en el universo adulto. Se escapa de su grupo de iguales y traiciona a sus compañeros. Respeta las reglas, sean correctas o no. Apoya el sistema, no se plantea la justicia o injusticia de su comportamiento, actúa por resentimiento o por egoísmo.

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 Richard Cameron nunca congenió con el profesor Keating ni con sus métodos. No entendía el sentido de esa asociación llamada El club de los poetas muertos. Denunciarlo y ponerse de parte de la autoridad es un movimiento natural con el que se protege a sí  mismo. Los métodos creativos del profesor dejaban al descubierto su mediocridad. Denunciándolo todo vuelve a la normalidad en la que el traidor se siente más cómodo.  

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            La tensa relación con su madre y el fracaso del matrimonio de la estirada alumna Betty Warren provoca un creciente resentimiento, por eso critica a sus amigas, denuncia a la enfermera y se opone patológicamente a la profesora Watson. Aunque este caso es ligeramente diferente al anterior. El traidor de El club de los poetas muertos no se redime, el profesor Keating no consigue salvar a su particular Judas. En cambio, Katherine Watson triunfa en su misión: Betty Warren pasará de ser la más enconada antagonista a las más entusiasta discípula.  

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            La odiosa Mary Tilford de La calumnia acusa falsamente a las profesoras de conducta reprobable. Lo hace resentida por un castigo.

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