Nov 04 2008

Los grupos. Populares y Frikis

 En Bratz, la película, Meredith, la veterana del Instituto Carry Nation tiene contabilizados 48 grupos diferentes: los góticos, los skaters, los discotequeros, los raperos blancos, los negros, los que hacen yoga, pisando chicle, los ecologistas, los que se disfrazan de dinosaurios, los futboleros, los solitarios, etc. A cada grupo le corresponde una zona y así, año tras año, se perpetúa el orden social en el instituto. Las Bratz liberarán al grupo de los clichés preestablecidos provocando una gran euforia colectiva.  

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  Leslie Artz es un profesor de secundaria en la serie Perdidos. Su personaje secundario se muestra prescindible e intransigente con los protagonistas de la serie, a los que acusa de menospreciar a los demás:    

 “Perdona si no soy lo bastante guay para formar parte de tu panda de aventureros. Sé lo que son los grupitos, soy profesor. Pensáis que sois los únicos de la isla que hacéis algo importante. Te diré una cosa: hay otros cuarenta supervivientes del accidente”.   

 Sabemos, por tanto, que los grupos, y las exclusiones, forman parte del catálogo narrativo de las películas, sobre todo de las que tienen lugar en los institutos. Básicamente sólo hay dos grupos. Es una clasificación dual y maniquea. Las películas de instituto americanas subclasifican a los alumnos en dos grupos básicos, según el criterio de la popularidad:    

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  1. Los populares. Son guapos, atléticos, se relacionan con el deporte, con la precocidad sexual. No tienen especial interés en el triunfo académico, pero tampoco poseen una contracultura escolar. El profesor de gimnasia está de su parte.
  2. Los frikis. Dentro de este grupo conviven todos los inadaptados. Frikis, empollones, obesos, etc. Pueden tener taras físicas y carecen de coraje o habilidades sociales, a juicio de los populares. 

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La serie juvenil one tree hill comienza partiendo de esa clasificación, pero luego los personajes evolucionan saliendo de esos corsés. El protagonista Lucas -en realidad la mayoría de los protagonistas-, pertenece al grupo de los frikis, por haber sido repudiado por los padres y no formar parte del equipo de baloncesto. Cuando comienza a jugar en el equipo y a liderarlo la cosa cambia. Una animadora se le insinúa y mantiene el siguiente diálogo con el héroe:  

  -¿Cuándo anotaste la última canasta, notaste el cambio?  

-¿Qué cambio?  

-¿En cuántos momentos de tu vida puedes decir “ahí fue donde todo cambió”? Acabas de vivirlo. No te preocupes, la popularidad no es mala.   

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El héroe se reafirma como héroe al renunciar a la popularidad y cautivar a los parias e impopulares. En el noveno capítulo de la serie Héroes, Claire, la cheerleader que protagoniza una trama, es elegida la reina del baile por votación popular. Su amigo le explica la lógica de la elección:  

 -Todos los que no eran mis amigos, ahora lo son, y todos los que eran mis amigos ya no lo son.   

-No es un concurso de popularidad, es un concurso de impopularidad, porque te han votado los frikis.   

-¿Qué?  

-Todos los que eran como Jackie, han votado a Jackie, y todos los demás te han votado a ti. Y en este instituto los impopulares son muchos más que los populares. Una buena estrategia de campaña.   

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   El cartel anunciador de la película La revancha de los novatos, que dio lugar a una serie de películas cortadas por el mismo patrón, muestra a los frikis, los menospreciados, los nerds[1], vengándose de los apolíneos atletas y robándoles el prestigio social y, de paso, las novias.   

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La película de Tod Browning, Freaks, de 1932, es en  buena parte culpable del cliché narrativo de la revancha de los impopulares que predomina en la ficción para adolescentes y de la popularización del término friki. Hans, un enano del circo se enamora de Cleopatra, la bella trapecista, que acepta casarse con ella para quedarse con sus ahorros. Ella y el forzudo Hércules despreciarán a todos las deformes atracciones de circo que, hastiadas del desprecio, se vengarán de los apolíneos. La película de Browning inaugura un cambio de óptica fundamental: lo bello y sano puede ser lo realmente inmoral y, por tanto, puede ser castigado.     


  [1] No se trata exactamente de un empollón; es probable que, a pesar de tener ciertas habilidades en materias concretas, no tenga resultados académicos notables. El nerd se caracteriza por sus carencias en el galanteo, en el deporte, en las relaciones sociales, etc.  

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Ago 08 2008

Cómics, el estigma de la incultura.

Si los libros están identificados con una cultura de elite y, por tanto, sospechosa, los cómics se caracterizan por lo contrario. Leer es síntoma de incultura. Aunque no sólo de eso. El lector de cómics es un individuo escapista, inadaptado, inmaduro. El alumno bien parecido y popular de las series americanas no necesita el cómic, el rol o el ordenador para tener una vida plena. Es el inadaptado el que debe recurrir al universo de la ficción para adolescentes dónde liberarse gracias a fábulas escapistas.

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Así, mientras en el mundo de los “populares” priman las diversiones relacionadas con los rituales de madurez (sexo, alcohol, etc), en el mundo de los frikis se amontonan las narrativas escapistas entre las que el cómic tiene un papel predominante.

 

Lo que sucede a continuación es algo muy común en el cine para adolescentes, la ficción se convierte en realidad y los papeles se invierten: el friki escapista deviene en héroe y el héroe atlético se convierte en personaje secundario y prescindible. Esto es lo que sucede en la serie Héroes. El personaje de Hiro Nakamura, que sabe leer el futuro en los cómics dibujados por Isaac Méndez, deja de ser un patito feo y se convierte en samurai legendario.

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