Ene 13 2009

Director heroico

La regla de que el director representa siempre al “sistema” tiene excepciones. En ocasiones, el protagonista es un director de hierro y entonces el representante de lo peor del sistema se desplaza un poco más arriba. El “malo” pasa a ser un director de departamento, algún político.

Daniel, el director de Hoy empieza todo es un luchador nato. No simpatiza con los políticos. Bajo su punto de vista, que es el punto de vista de la película, la alta política no toca los píes en el suelo, es demasiado elevada, no soluciona los problemas acuciantes que se dan en el día a día del aula.

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La sociedad está que arde. La verdad es que reunirse alre-dedor del gran jefe para escuchar su discursito es una pérdida de tiempo.

El director de un instituto conflictivo, Antonio, observa como el político de turno se apunta ante las cámaras el éxito de la función escolar integradora, en el centro que previamente quería cerrar. La hipocresía aparece como una cualidad distintiva de la política.

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Escuela de jóvenes rebeldes es una película destinada preferentemente al público negro. Joe Clark, es nombrado director de un instituto especialmente conflictivo, y hará todo lo que esté en su mano para que el instituto Paterson no perpetúe a sus alumnos en la marginalidad. Su primera medida es crear un censo de alumnos camellos y consumidores y expulsarlos a todos.  Tampoco tiene contemplaciones con los profesores:

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Los profesores no cumplen con su deber. Ya es hora de que nos impliquemos. El fracaso no es de ellos (los alumnos). Yo no les culpo. La culpa es de ustedes. Sí, de ustedes. ¿Cuántas horas dedican a preparar su plan de clases? ¿Cuántas veces se quedan después de las clases para ayudar a estos chicos?¿Pueden hacerse una idea de la desesperación y amargura que esos pobres estudiantes, que ustedes no han sabido preparar, tienen que enfrentarse al mundo el día de mañana?

Las series televisivas ambientadas en institutos suelen adoptar también este enfoque en la que el director es un infatigable luchador y las instituciones escolares son caracterizadas negativamente. Física y química, Profesores de Boston, Compañeros, etc.

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Oct 05 2008

El edificio escolar

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George Gusdorf aboga por el lujo, en las universidades y también en las escuelas primarias e institutos. Censura que sean “habitaciones baratas” y habla de la necesidad del lujo en las instituciones.

“Sólo que ese lujo no es despilfarro (…) es un lujo, no ya individual sino comunitario (…) El marco de la vida tiene también un valor pedagógico; un marco mediocre contribuye con todo el peso de su inercia al rebajamiento general de los espíritus”.[1]

Vitorino Andreoli escribe en Carta a un profesor:

“Al imaginar la escuela como mi interlocutor, veía ante mis ojos los edificios escolares: ruinosos sin el más mínimo atractivo, en una época en que las viviendas son estudiadas en la forma de las arquitecturas y el diseño de vanguardia”.

Inger Enkvist, asegura en Repensar la educación que “el edificio escolar es una imagen visual del plan de estudio (…). Muchos colegios ofrecen una imagen degradada. Las pintadas que cubren los muros trasmiten la idea de una sociedad que ha perdido el control“. Esa ausencia de control, puede verse en las películas de alumnos conflictivos. Escenarios llenos de pintadas, detectores de metales, etc. El caso más extremo es curso de 1999, que narra un hipotético futuro donde es evidente que la sociedad ha perdido el control y el instituto en una cárcel.


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Pero no hace falta ir tan lejos. El ejemplar profesor de Hoy empieza todo se enfrenta al destrozo que han provocados los propios alumnos en el colegio público en el que da clases. Los alumnos no respetan su mobiliario. Aunque esta máxima cultural no parece universal. Hay culturas en las que sí lo respetan, en las que no parece existir contracultura escolar. El periodista Carlos Manuel Sanchez describe un instituto -real- finlandés. “En la entrada no se ve a decenas de estudiantes apurando el primer pitillo de la mañana, como en los institutos españoles. Ni una colilla ni una hoja ni pintada (…) En el interior, la limpieza resalta más. No hay garabatos en los pupitres ni en los aseos”. Cabe conjeturar que el deterioro de los colegios públicos no es universal, el deterioro no se relaciona tanto de una característica de la adolescencia como de la cultura asociada a cada país.


[1]Georges Gusdorf, ¿Para qué los profesores?

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