Nov 14 2008

La contracultura escolar

bully contracultura.jpgTodo lo anterior puede hacernos comprender el hecho de que en muchas sociedades -no en todas- se dé un fenómeno de resistencia a los valores, contenidos y dinámicas de la escuela. Algunos alumnos adoptan comportamientos de resistencia al sistema educativo.  Parece existir una regla, por la cual las sociedades uniformes, de valores comunes y amplios consensos disfrutan de un sistema educativo más eficaz. En sociedades de ese tipo los medios de comunicación, las familias y las escuelas emiten mensajes similares. Lo cual no quiere decir que sean forzosamente autoritarias o uniformes. En cualquier caso, parece evidente que se gastan muchas energías en la desactivación de las estrategias contraculturales y eso se refleja en los resultados.

Las portadas de los números 20 y 55 de la revista satírica TMEO ilustran con claridad ese fenómeno de resistencia a lo que la escuela representa, ridiculizando al empollón o al profesor. El lector de tebeos, estigmatizado como inculto, probablemente mal estudiante, toma el control de la situación, mediante el recurso explícito de la violencia. El alumno complaciente con el sistema y el profesor son cobardes, no tienen recursos para oponerse al héroe contracultural.

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Desde este punto de vista, la aceptación de las normas escolares, o la aceptación de la autoridad del profesor, son elementos negativos para la integración dentro del grupo. Fernandez Enguita lo expresa con claridad en La escuela a examen.

“La enseñanza escolar contrapone abiertamente el trabajo a la acti­vidad libre, así como las concepciones de ambos. Numerosas tareas que forman parte de la actividad reglada de la escuela podrían ser y son objeto de la actividad libre fuera de ella, pero una de las primeras cosas que un niño aprende en el aula es que una misma actividad pue­de y debe ser caracterizada como juego cuando se lleva a cabo sin el profesor y como trabajo cuando se hace bajo la férula de éste”.

Si viene del profesor es sospechoso. Alex de la Iglesia, que estudió filosofía en los agustinos, dice en La bestia anda suelta:

“Allí había un profesor que era un acicate a la inversa, como esos críticos que dejan fatal una película y tú corres a verla. Decía “¡Nietzsche! ¡Cuánto daño ha hecho este hombre!”, y por la tarde no quedaba un ejemplar de Nietzsche en las librerías más cercanas”.

La piel dura, el alumno que recita, cargado de pasión, sólo cuando la profesora ha salido. Cuando ella está presente la representación es deliberadamente envarada y torpe.

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aprendiendo a trabajar.jpgEl excelente libro de Paul Willis,  Aprendiendo a trabajar, es un clásico de la sociología de la educación y describe con precisión comportamientos contraculturales en la hipotética escuela inglesa de Hammertown. La paradoja que apunta Willis es que, la clase obrera, que es la que más tendría que ganar subiéndose al ascensor social de la educación, adopta pautas anti-escolares que le acaban perpetuando en su condición subordinada. Los “colegas” construyen su propia auto-condena. O, dicho de otra forma, la educación pública es incapaz de incrementar las oportunidades de los chicos de clase obrera. Willis clasifica a los alumnos en dos grupos, según su aceptación del sistema escolar:

1. Los pringaos (u orejas). Aceptan la autoridad. Son conformistas. Hacen las tareas. Quieren más control. Invierten en el futuro. No recurren a la violencia. No salen con mucha frecuencia ni frecuentan el sexo.

2. Los colegas. Se sienten superiores a los pringaos; los ven desvalidos para la vida.  Ellos quieren vivir “ahora”. Galantean, beben, quieren trabajar. Se oponen al dominio del profesor y se resisten a hacer las rutinas de clase. Buscan el “cachondeo”. No llegan al enfrentamiento directo pero lo bordean. Forman un grupo sólido que vive intensamente fuera del aula.

To sir with love, traducida como Rebelión en la aulas, película inglesa localizada en un entorno similar al que describe el libro, contiene pasajes ilustrativos de esas pautas contraculturales. Los colegas, resistiéndose una y otra vez a las rutinas escolares y a sus valores.

El profesor Tackeray, deberá esforzarse por desactivar la contracultura escolar y permitir que los “pringaos”, interesados en la educación, pero obligados a fingir desinterés, puedan desarrollar todo su potencial.

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En La ley de la calle, Rusty James líder de los colegas, se divierte con sus amigos, mientras que Steve, un pringao por aceptar las normas de la escuela, se ve relegado por el grupo a una posición secundaria.

En centros con contracultura escolar desarrollada, los “colegas” se divierten en el instituto, mientras que son los “pringaos”, curiosamente los más enfocados hacia la institución, los que más sufren. En Finlandia, ejemplo de sistema educativo tras los resultados del informe PISA, “sólo al 10 por ciento de los estudiantes les gusta el colegio, cuando la media de la OCDE ronda el 50 por ciento”[1]. Para ellos es un trabajo.

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SEMANAL, Nº 1052, Diciembre 2007.

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Oct 05 2008

Verano, timbre y reloj. Acaba la escuela, comienza la historia

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Con notable frecuencia, la historia comienza cuando acaba la escuela. La segunda película de la serie High School Musical comienza con los alumnos ajenos a la perorata de la profesora, contando los segundos que faltan para que acaben las clases y comience el verano. El reloj ocupa subjetivamente un enorme lugar en las mentes de los alumnos.

salvados por la campana.jpgEl espectador tiene la sensación de que dentro de una clase una escena es de corta duración, de que enseguida tocará el timbre y vendrá el bullicio de un recreo, de los juegos o de un trayecto dialogado, del movimiento o la libertad, muchos más fotogénicos. Las series “Salvados por la campana” o “Al salir de clase” son bastante expresivas. Los protagonistas son alumnos, su target son los jóvenes en edad escolar, pero no habrá clase, se verán escenarios anejos: pasillos, gimnasios, tabernas. El aula genera una dificultad colectiva que va contra las reglas de la sencillez. La clase es una interacción compleja, llena de actores, con pulsiones no tan claras como exige la dramaturgia. Los alumnos, en igualdad de condiciones físicas, repetidos como los pupitres, no se pueden privilegiar en una acción, en un gesto con claridad. Si se genera una acción de antagonismo y establecemos unos actores principales, ¿qué hace el resto, cómo reacciona? Las películas que tratan la interacción de aula con cierto rigor han de hacerlo varias veces, presentar a los personajes, familiarizarse con las relaciones, profundizar en las relaciones de grupo.

En caso contrario, tendremos la clásica escena de un timbre que separa el espacio mortecino de una clase del espacio vital exterior. Fuera comienza la vida y las relaciones. El interior es un desierto dramático dominado por el profesor o la profesora. Por eso Rusty James sueña en su escuela con su novia, colocada sobre el armario al lado del reloj, que marca el fin de la condena.

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Ago 07 2008

Libros, el estigma de la cultura

baldomero.jpgLa lectura de libros obligatorios aparece como el mejor sistema para desincentivar la lectura en general. La viñeta de “Para ti que eres joven” expresa con claridad el alejamiento de los alumnos del universo académico obligatorio. Esta opinión tiene cada vez más partidarios. Santiago Eraso escribía en una columna que “los alumnos se ven obligados a leer El lazarillo de Tormes, La Celestina o El Conde de Lucanor”, lo cual “supone, en la mayoría de los casos, una auténtico suplicio que va en detrimento de un verdadero fomento de la lectura”[1]. De la misma opinión que Vicente Verdú, Santiago Eraso no acaba de entender la irrelevancia académica de la imagen en el currículo oficial. 

“¿Por qué, conociendo la importancia de la cultura audiovisual en el universo simbólico de los jóvenes, todavía hoy no se imparten en la escuela, de manera reglada, nociones de fotografía, cine y vídeo, del mismo modo que se enseña lengua y gramática?”.

 Lo cierto es que el cine ya ha construido estereotipos que se han consolidado como contracultura escolar. La ficción audiovisual es más fotogénica en movimiento, conquistando la acción, el espacio. La pasividad visual que emana de la lectura de un libro no puede concitar grandes pasiones. Es frecuente que el lector de libros no sea un personaje feliz, que su pasión por la lectura tenga contraindicaciones. Un exceso de percepción, un phatos trágico.

La película de Francis Coppola, La ley de la calle, 1983, narra la vida de dos hermanos, Rusty James, inculto, pero franco y directo, y El Chico de la Moto, gran lector, pero condenado a una inquietante y torturada vida interior y a un final infeliz. Se trata del estigma de lectura y de la cultura. Como si la lectura, y el conocimiento implícito, llevasen a un pathos insatisfecho y trágico. El protagonista de el Guardían entre el centeno, sufre de idéntica condena. Da la sensación que una inteligencia destacada permite captar las zonas oscuras de nuestra sociedad y lleva directamente a la apatía o a la autodestrucción.

La serie Los soprano se centra en un capítulo en la educación del hijo menor de la familia, que gracias a la lectura pasa un período de crisis personal y existencial que los padres no aciertan a entender. Meadow, la hija mayor les explica a sus padres los efectos colaterales de la educación.

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-¿Queréis que lea algo que no sea un Playboy? Enteraos. Le mandaron leer El extranjero. ¿Queréis que sea culto? ¿Creéis que la educación es para ganar dinero? Esto es la educación.

-¿Nunca pensáis cosas como “por qué nacemos”?

George Steiner va más allá en Elogio de la transmisión y advierte que:

“hay que prestar atención al vuelco apasionante que se observa en los Estados Unidos: quien susurra, quien balbucea, quien habla mal, ése es quien goza de la reputación de ser un hombre honrado. Lo contrario de nuestra gran tradición retórica, clásica y europea. Hablar mal viene a significar a que se trata de alguien que dice la verdad…Y, al revés, hablar demasiado bien es un síntoma claro de falta de honradez.”

 

Corroborando las palabras de Steiner, comprobamos que los héroes de cine americano tienden a ser parcos en palabras. Se oponen a la erudición del personaje hipócrita, al político que da ruedas de prensa, o al compañero intrigante y arribista. Son héroes de acción, antiacadémicos, que se expresan casi con onomatopeyas como síntoma de honradez. La posesión de cultura posee, en este tipo de cine, una caracterización negativa.

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La cultura reivindicada en el cine tiende a ser cultura para la acción. Diarios de la calle, se titula originariamente Freedom writers: escritores de la libertad. Esta basada en un hecho real. En este caso se reivindica el valor de la cultura y del libro como instrumento para la acción. Los alumnos escriben sus propios diarios y acaban editando un libro. No se trata de cultivar una cultura endogámica, académica, replegada sobre un eterno proceso formativo, sino de asomarse a la sociedad, hacerse visible, hacer agradable el proceso educativo con constantes refuerzos: conferencias, fiestas recaudatorias, premios, visitas, etc.

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[1] DIARIO VASCO, Viernes, 1 de Febrero de 2008.

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