Dic 30 2008

El pusilánime

Tiende a ser un profesor joven que se ha metido en la docencia sin valorar su dificultad. Su temperamento es débil. No sabe adueñarse de la clase. Ni siquiera tiene otras aspiraciones. Su pedagogía es ridícula.

Zaldi Eroa, el dibujante de tiras de Berria, ha creado un personaje llamado Mieltxo. Un supuesto profesor de plastilina, que no prepara las clases, que convierte lo lúdico en ridículas unidades didácticas y que se ve superado una y otra vez por la curiosidad de sus pequeños alumnos.   

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La profesora Abbey de La sonrisa de Mona Lisa es el contrapunto débil de la ejemplar profesor Watson.  Nancy Abbey da clases de dicción, elocución y compostura aunque jamás ha viajado fuera, ni tiene vida amorosa y se pasa su tiempo libre viendo la televisión. No se cuestiona nada y su aspecto tiende a ridículo.        

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Blanca, la profesora de Literatura de Física y Química, la serie ambientada en el Instituto Zurbarán, es caracterizada desde el primer fotograma en el que aparece en pantalla como un profesor pusilánime. Pese a que siempre había deseado ejercer la docencia, se da cuenta de que no tiene recursos para el trabajo en la primera clase.

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La pedagogía de algunos profesores es algo más que cuestionable. La profesora Kitty Farmer, de Donnie Darko, obliga a los alumnos a marcar con una x en la “línea de la vida” determinados comportamientos en el continuum miedo-amor. Una pedagogía que ejemplifica la memez de algunas técnicas didácticas y ante la que Donnie Darko se rebelará. Son profesores, que con sus aparentes buenas intenciones, harán más mal que bien.

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Dic 29 2008

El profesor/la profesora no convencional. El cliché del “sistema”.

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Ya sabemos que la ficción, las historias que nos cuentan, son encarnadas por personajes individuales. El cine y la novela narran triunfos grandiosos de personajes solitarios. Es el esquema de David contra Goliat, del individuo contra el sistema. El estereotipo de profesor que tiene mayor fuerza mítica, es el del profesor titánico, el salvador   que llega a una escuela y deja su legado mítico, su estela de leyenda. No es un profesor real. Incluso es un profesor cuya perfección puede incomodar a los profesores de carne y hueso porque jamás llegarán a su ejemplaridad de relato arquetípico, ni a su entrega de santidad. Es un arquetipo que parece decirle “aunque tu clase esté llena de pobreza, de violencia, de rencor, si fueras un profesor de verdad estaría en tu mano salvarlos a todos”. 

            El profesor llega a un centro en el que los alumnos no pueden crecer en plenitud sea cual se la causa: racial, de clase, económica, por el peso de la tradición, del prejuicio o por cualquier otra razón. No encontrará en la dirección del centro, o en los organismos educativos ninguna ayuda, porque siguen la inercia de la comodidad  o del ahorro económico. El claustro de profesores tampoco ayudará gran cosa, repleto como esta de profesores indolentes, cínicos, mediocres o resentidos que sirven para realzar al protagonista. Los comienzos serán duros, estará a punto de tirar la toalla, pero justo en ese punto tomará la decisión de continuar su magisterio y convertirlo en el centro de su vida, sacrificando todo lo demás. Se enfrentará al sistema para defender a sus alumnos. Al final siempre hay una escena en cámara lenta, o con la orquesta desatada, en la que los alumnos se inclinan ante el profesor o la profesora no convencional rindiéndole un homenaje colectivo. 

            Para nosotros es una figura calcada del contorno del profeta de las tradiciones judeocristianas. Para Zaplana Marín, se fundamenta en el Western. Aunque los pistoleros solitarios también tienen simbologías cristianas. Por lo tanto, es probable que estemos diciendo cosas parecidas. 

 “Los guionistas de Hollywood perciben que únicamente deben trasladar situaciones y personajes de unos lugares a otros. Es decir, el pistolero errante y “desfacedor de entuertos” se convertirá ahora en un docente incapaz de amilanarse ante las más explosivas situaciones fuera  y dentro del aula”.

             El protagonista está caracterizado con atributos de tanta perfección que incluso en el marco del guión hay que subrayarlo para que no se convierta en una caricatura. En Rebelión en las aulas, la subdirectora Evans le explica a Tackeray porque una alumna se ha enamorado de él:

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   -Está enamorada de usted, no se sorprenda tanto (…) Nosotros, por ejemplo, somos completamente del montón (…) Y de pronto aparece Marck Tackeray: alto, guapo, atractivo, limpio, inteligente, como si acabara de salir de la fábrica. ¿Qué es lo que esperaba? 

 

La presentación del Profesor Finn, en el primer capítulo de la serie televisiva, Jóvenes rebeldes es ya toda una declaración de intenciones. Se mete en el agua y les dice a los alumnos anonadados. 

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“Ya es hora de tirar las convenciones por la ventana”  

             Los trazos de esta figura están muy codificados en el cine estadounidense. No obstante, también en el resto de filmografías los retratos del profesor se polarizan según un modelo en el que el profesor mesiánico se lleva todos los atributos positivos y los negativos se reparten entre el resto del claustro. Como si fueran un coro para el profesor ejemplar, el resto de los profesores parecen  estar puestos para destacarlo, para servirle de contrapunto.

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Dic 24 2008

La vocación. Matriz religiosa.

A juicio de Georges Gusdorf, la enseñanza “aún laicizada, conserva todavía rasgos del sacerdocio. El maestro, como servidor de la vida del espíritu, se sabe y se quiere diferente de todos los que, en la ciudad, persiguen únicamente intereses de dinero o ventajas personales”. Continúa con una afirmación que probablemente fuese más real cuando se escribió que en la actualidad: “Sus conciudadanos, por otra parte, le reconocen de buen grado las obligaciones y prerrogativas de una especie de clerecia”.

 

Aún en tono de comedia, El profesor interpretado por Cantinflas en El profe, mantiene diálogos que transmiten esta idea:

el profesor.jpg-¿Sigue usted siendo soltero Sócrates? (…) No olvide que usted dice que la enseñanza es un sacerdocio.

-Lo digo y lo sostengo. Por eso acepto, porque para comodidades hubiera yo estudiado para manicurista y nunca hubiera yo salido de la zona rosa.

La profesión docente reflejada en el cine impone fábulas de renuncia del profesor a la vida personal, de renuncia de sí. Son fábulas de entrega total. No en vano la docencia ha estado históricamente muy ligada al hecho religioso. La película, Arriba Azaña, representa el paso de un régimen autoritario y religioso a uno democrático. El director del colegio recrimina a los alumnos los sabotajes contra el empollón de la clase.arriba azana.jpg

 

¿Qué quieren de nosotros? Nosotros, que dedicamos el alma y la vida a la enseñanza, para que el día de mañana seáis hombres y caballeros cristianos.

Aun convertida al laicismo, la educación conserva algunas características del modelo religioso. Muchos profesores ejemplares de la pantalla son un ejemplo de sacrificio y entrega cercano al martirio. Algunos de ellos sacrifican su familia, sus ambiciones, su posición económica y, en ocasiones, la propia vida, como Don Gregorio en La lengua de las mariposas, o como Albert Lory en Esta tierra es mía. Por oposición, los peores profesores en las historias de ficción son aquellos que no tienen una dedicación absoluta a su profesión, aquellos que cumplen su función de forma rutinaria. Su mayor preocupación, su única dedicación debe ser la docencia. El profesor autoritario de Hets es recriminado por el vocacional en los siguientes términos:

 

hets.jpgNuestra profesión es una vocación. Significa sentir una llamada, algo que viene de manera natural. Pero es absurdo que se llame usted mismo profesor simplemente por tener una titulación académica (…) Un profesor debe preocuparse por sus chicos. Si no lo hace, ¿de qué se preocupa en la vida?

 

Los modelos que parecen estar latiendo debajo de algunos profesores ejemplares tienen mucho que ver con las figuras religiosas del mesías, o el profeta.

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John Keating llega, habla a los discípulos, deja su mensaje y es expulsado por los poderosos. Igual que Sócrates, quien es considerado el primer profesor moderno, Keating se presenta como un profesor que se niega a sí mismo. No enseña sino que saca lo mejor de los alumnos, les hace buscar su propio camino. Les guía.

Rebelarse contra el poder, liberar a la juventud de las ideas preconcebidas, luchar contra la tradición mal entendida, esas son funciones del profesor carismático, aunque para ello tenga que ser sacrificado o emprender el camino del exilio como la profesora Katherine Watson de La sonrisa de Mona Lisa.

Betty, la alumna que narra en flash back la historia de la profesora ejemplar, dice en off:

“Mi profesora, Katherine Watson, vivía según sus propias convicciones y no pensaba renunciar a ellas. Vivió ejemplarmente e hizo que todas viésemos el mundo a través de otros ojos. Para cuando leáis esto ella estará viajando hacia Europa donde sé que encontrará nuevos muros que derribar y nuevas ideas con que sustituirlos (…) los que buscan la verdad mas allá de la tradición, mas allá de la definición, mas allá de la imagen. Jamás lo olvidaré.”

En un mundo laico como el de las sociedades occidentales, el peso de semejante responsabilidad no encaja en los hombros de profesores de carne y hueso, mortales y quizá no tan carismáticos.

Lino, el personaje del Peanuts de Schultz, habla de esa sagrada vocación docente, aireando en su emotivo discurso la excesiva trascendencia que la envuelve.

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Dic 20 2008

El traidor

El traidor ha quedado encerrado en el universo adulto. Se escapa de su grupo de iguales y traiciona a sus compañeros. Respeta las reglas, sean correctas o no. Apoya el sistema, no se plantea la justicia o injusticia de su comportamiento, actúa por resentimiento o por egoísmo.

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 Richard Cameron nunca congenió con el profesor Keating ni con sus métodos. No entendía el sentido de esa asociación llamada El club de los poetas muertos. Denunciarlo y ponerse de parte de la autoridad es un movimiento natural con el que se protege a sí  mismo. Los métodos creativos del profesor dejaban al descubierto su mediocridad. Denunciándolo todo vuelve a la normalidad en la que el traidor se siente más cómodo.  

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            La tensa relación con su madre y el fracaso del matrimonio de la estirada alumna Betty Warren provoca un creciente resentimiento, por eso critica a sus amigas, denuncia a la enfermera y se opone patológicamente a la profesora Watson. Aunque este caso es ligeramente diferente al anterior. El traidor de El club de los poetas muertos no se redime, el profesor Keating no consigue salvar a su particular Judas. En cambio, Katherine Watson triunfa en su misión: Betty Warren pasará de ser la más enconada antagonista a las más entusiasta discípula.  

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            La odiosa Mary Tilford de La calumnia acusa falsamente a las profesoras de conducta reprobable. Lo hace resentida por un castigo.

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